

No sé si me perdonará el Duero la traición de abandonarlo temporalmente para regresar a la vera de uno de sus afluentes, el Esla, este río bicolor, azul y verde, que me acaricia cada día al abrazarme a sus aguas.
Caminos y recodos que me ayudaron a crecer y a comprender que la poesía no es, simplemente, unos cuantos versos escritos sobre un papel, sino un lugar especial, ese lugar, el lugar donde se desea estar.
El aire es tan puro, tan limpio, que daña la piel y la garganta se hace añicos.
Chonina, contempla estos rincones y respira hondo. Respira profundamente hasta que tu piel sea líquen. Este post te lo dedico a ti. Un beso.

















