17 de julio de 2006

Poesía del paisaje




No sé si me perdonará el Duero la traición de abandonarlo temporalmente para regresar a la vera de uno de sus afluentes, el Esla, este río bicolor, azul y verde, que me acaricia cada día al abrazarme a sus aguas.

Caminos y recodos que me ayudaron a crecer y a comprender que la poesía no es, simplemente, unos cuantos versos escritos sobre un papel, sino un lugar especial, ese lugar, el lugar donde se desea estar.

El aire es tan puro, tan limpio, que daña la piel y la garganta se hace añicos.

Chonina, contempla estos rincones y respira hondo. Respira profundamente hasta que tu piel sea líquen. Este post te lo dedico a ti. Un beso.

El discreto encanto de la ruralidad



Al volver a casa de mi breve expedición geológica, Maximina, como el pastor hablaba a Unamuno en sus paseos campestres, me habló de la simpleza del vivir, del pasado y del presente, de la quitud del paisaje y del enervamiento del alma.

Y mientras lo hacía, sus menudos ojos atisbaban y me transmitían esa luz que cegamos cada día mientras la vida pasa.

11 de julio de 2006




Mi refugio es ahora temporal. Lo adornan las piedras que aislan las voces devoradoras de secretos.

Caen los incipientes y bruñidos racimos sobre las ideas y refrescan la tarde. A lo lejos me llegan mil acordes de violines sobre tierra mojada. Sobre el agua que cae y me envuelve.

Y yo me dejo llevar.

1 de julio de 2006



La música hace de los hombres seres especiales.

Cuándo se compone...?
Cuándo se escucha...?
Cuándo se ofrece...?
Cuándo se interpreta...?

Y los gestos...?
Y la mirada...?
Y las caricias...?

Acaso el hombre no es un ser especial cuando abunda en gestos, miradas y caricias...?

28 de junio de 2006






No sé si por la melancolía del paisaje, por mi propia melancolía, o por esa sensación de abandono, de dejarme llevar por la corriente, el río Douro porgugués, agua de mi agua y de mi río, ayer, mis ojos contemplaron estos paisajes con otros ojos. Diferentes, nostálgicos, ojos que miran sin ver. Ojos que sienten la mirada perdida, confundida.

Es difícil intentar descifrar en qué momento las aguas tumultuosas del Duero/Douro se mezclan y confunden. Es difícil saber cuando nos mantenemos con la cabeza fuera del agua y cuando comenzamos a zozobrar.

Lo siento, hoy no voy a escribir sobre mis vivencias del día de ayer. Poco importan.

Os dejo esas imágenes preñadas de belleza.

25 de junio de 2006




Puede sucederse la fiesta. El color y el ruído. La efervescencia mundana.

Hoy puedo cubrir mi cuerpo con las mejores galas. Esencias, jazmines en el pelo.

Hoy podré escuchar lejanas melodías, otrora descubiertas.

Hoy veo el horizonte mucho más amable. Es la tierra mía, ocre, amarilla sedienta.

Hoy me cubro con aperos de vida. Mi vida emergente. Tierra viva.