


Es como una fuerza irresistible que doblega la voluntad.
Esas piedras, a uno y otro lado del camino me hablan, me susurran y me transmiten sensaciones que los hombres no son capaces ni de procesar en su mente.
El silencio, en su pesadez, hace liviano el paso y la armonía se adueña del paisaje.
El regreso, desde un remoto lugar, se patentiza. Como si salieran al paso otras vidas, en pretéritas épocas, al lado de inverosímiles seres.
















