11 de diciembre de 2006



Muere Pinochet y el Ejército chileno le rinde honores para refrendar el horror y potenciar el desprecio hacia la Humanidad. Los muertos estorbaban vivos y hay que continuar la farsa. Un ácido regusto de saber marchar al pecador sin penitencia y una rabia sorda aquì, en el alma, al pensar en sus víctimas.

El mundo es un patio de vecindad, de culebrón televisivo, donde vemos pasar los dramas y el amor a gran velocidad. Como el tren rápido que pita y no espera y hay que tomarlo a tiempo. Las imágenes, una vez en marcha, se suceden: plas, plas, plas. Se ven y no se ven. Ni tiempo para saborear el calor de un beso ni para pensar en los sufrimientos ajenos. De locos.

En Perú, Nuvia, una hiña de ocho años ha tenido un bebé. Allí, hay contabilizadas ahora mismo 220 menores embarazadas,víctimas de violaciòn: el propia padre, los hermanos, los vecinos, los amigos, los cabrones...SÍ,LOS CABRONES.

El presidente de Perú propone la pena de muerte para los violadores. Y sin emabargo el mundo gira y gira, el tren casi vuela, el amor se evapora sin saber por qué. Unas veces se ama y no se sabe demostrar ese amor, otras por excesivo amor a uno mismo que apenas hay tiempo para decir al otro que lo amas.

Ahora, los japoneses, tan inventores ellos, han sacado a la venta estas sofisticadas flores a las que, por medio de una tinta especial se pueden grabar esos mensajes como los de la imagen. Y es que una flor, en asuntos de amor vale mucho más que mil palabras. Siempre que exista el diálogo claro.

Estos japoneses....!!!!!

9 de diciembre de 2006





Venía crecido el Duero esta mañana,
tanto que al agua le nacen olas.
¿Dónde vas niña, pies de gacela,
dónde los versos desde tu boca?

Soñé que fui princesa, tal vez alondra
soñé que me querías, soñaba a solas.
Llevaba agua en mis ojos,
toda la que al Duero sobra.




Siempre la claridad viene del cielo;
es un don: no se halla entre las cosas
sino muy por encima, y las ocupa
haciendo de ello vida y labor propias.
Así amanece el día; así la noche
cierra el gran aposento de sus sombras.
Y esto es un don. ¿Quién hace menos creados
cada vez a los seres? ¿Qué alta bóveda
los contiene en su amor? ¡Si ya nos llega
y es pronto aún, ya llega a la redonda
a la manera de los vuelos tuyos
y se cierne, y se aleja y, aún remota,
nada hay tan claro como sus impulsos!
Oh, claridad sedienta de una forma,
de una materia para deslumbrarla
quemándose a sí misma al cumplir su obra.
Si tú la luz te la has llevado toda,
¿cómo voy a esperar nada del alba?
Y, sin embargo -esto es un don-, mi boca
espera, y mi alma espera, y tú me esperas,
ebria la persecución, claridad sola
mortal como el abrazo de las hoces,
pero abrazo hasta el fin que nunca afloja.

CLAUDIO RODRIGUEZ - "Don de la ebriedad) 1953


Es ese don de hembra
que me ocupa. Es la claridad recóndita
del claustro mío. Oh, útero mío
que es abrazo mortal como las hoces,
que nunca cede.
Es ese don universal redentor,
reparador.
Es ese don que da y que quita
deslumbrante al alumbrar el día,
-tus días-
y así los míos extinguiéndose.

16 de noviembre de 2006


Essie, Ruby y Ferdinand, hijos de Asher Wertheimer- 1902
Jhon Singer Sargent

A veces es la luz que emana a través de las cortinas
o de la luz interior de la inspiración del artista.

A veces es ese indolente calor de las palabras quedas
proferidas en el templo del hogar. A veces es la complicidad unánime de los que proyectan en común.

Todo confluye y se confabula, todo escapa a la razón. Todo conforma la suma de las partes.

A veces.

14 de noviembre de 2006



Como cuando alguien nos regala rosas recién cortadas que se miran con embeleso y gratitud, así he mirado yo estos pequeños tesoros olvidados y hallados, tras buscar ese orden que siempre se debe a las cosas que apartamos de nuestra vida. Una amarillenta carta de una vieja amiga fechada el 13 de enero de 1970 en el interior de una de las agendas que manejaba a diario para llevar mis cuentas, cuando los primores de una reciente vida matrinonial hacía que fijáramos en la memoria aquéllo que pasaría desapercibido.

Pero ahí están, todavía, en el interior de una caja de cartón. Agendas cuotidianas del ama de casa que apuntaban las idas y las venidas, los gastos de la casa, los regalos, las fechas de cumpleaños, la asistencia a espectáculos...los viajes, las vacaciones...incluso los disgustos...

¿Por qué se dejan de contabilizar esas cosas? ¿Por qué las dejé yo...?

Tal vez, para que hoy, al cabo de los años, reciba la emoción que he recibido al ojearlas, al tocar su piel. Y sobre todo, por leer las frases que mi amiga me escribía:

"Querida Conchita: No sabes lo que me alegré cuando me dieron tu tarjeta de Navidad, creí que ya nunca te acordarías de mí, y la verdad es que no me extraña nada, porque desde el día de tu boda que ni te felicité, he vuelto a saber de tí, no sé si te creerás que te he echado de menos durante estos años, a veces pienso que eres tú la única buena amiga y querida que de verdad he tenido y en la que tantas veces confié. La verdad es que todo ha cambiado, me doy cuenta de que la vida no es como me la enseñaron en casa, todo tan color de rosa. También pienso cuando algunas veces tú me llamabas estúpida, y me he dado cuenta de que en realidad lo he sido casi siempre, pero que ya no se puede volver atrás...."

Las tardes largas de invierno están llenas de nostalgia y de recuerdos.