6 de enero de 2007





Cuando salgas de tu silencio, ya atardecido,
-debe estar desnuda tu piel-
sube al árbol más enorme
que en tu camino encuentres
junto a la brisa. Debe ser noche
vencida. Cobíjate entre las hojas,
entre fantasmas y luciérnagas.

Y aguarda.


Y cuando despierte el alba,
háblale al árbol y roza tu espalda
sobre su rugosa corteza.
Tal vez comprenderás.

3 de enero de 2007






El agua besa la tierra
y se nos muestra trémuila.
Abraza al paisaje
y lo enerva.

Así la palabra al hombre.
Así el gesto.

1 de enero de 2007





Nunca la Naturaleza roba al hombre.

Que me devuelvan la luz
que me devuelvan el eco de la infancia
que me devuelvan los gritos.

Clarea el nuevo año
y el viento huele a miel
y vivo su armonía.

Que me devuelvan la luz
para emprender el vuelo
que me devuelvan los gritos.

Los gritos de la infancia.

30 de diciembre de 2006




Qué me importa
que salga el sol y se ponga
que el trueno atruene
que el rayo yerre
o que suspire la luna.

Qué importa el pecado al pecador
que el pecho amamante
o que el toro embista.
Qué me importa ya.

Qué importa la soga,
el acero, el garrote.
Qué importa el hombre al hombre
o el hambre al hambre.

Qué impota.

Nada importa ya.

29 de diciembre de 2006






La Navidad alarga las veladas. Como la propia sombra de los álamos. Ahora desnudos, ateridos.

No es preciso pensar cuando la raíz nos persigue en inocente paseo. Cuando el nexo es común y el camino paralelo. Como las propias vidas. Como el propio río discurrente sin recursos que ofrecer. Ha ofrecido tanto ya...

La Navidad, una más, crece y decrece. Como la familia.

Y siempre el Duero. Fiel testigo.

Y ahora. FELIZ AÑO NUEVO A TODOS. AMIGOS.

21 de diciembre de 2006

FELIZ NAVIDAD A TODOS





Hoy nos despertamos en España con las vocecitas de los niños del Colegio de San Ildefonso cantando los números de la lotería de Navidad. Un ritual más de estas fiestas que viene a unirse a aquella ilusión, ya pretérita, cuando los ojos se quedaban fijos en aquél pastor y en sus ovejitas junto al pesebre. En su lugar, ahora, esa estrella, punto extacto donde nació Jesús, allá en Belén.

Hoy la lotería es un ligero pellizco de emoción en el estómago, más por los recuerdos que por otra cosa, porque, en realidad, a España le sobran demasiados ricos pero también no pocos pobres. Y porque ya no se ven las cosas como se veían.

Hoy, somos conscientes de que, pese a tanto bienestar, la bolsa de pobreza se extiende como la pólvora, como se extiende la ineficacia de los gobiernos que no aciertan a erradicarla.

Por eso, la Navidad es un sí, pero no, una alegría empañada de tristeza, un payaso que ríe y llora al mismo tiempo.

Amigos. No os cuento nada nuevo. Sí os deseo, de corazón, con una furtiva lágrima que me nubla la mirada, UNAS FELICES FIESTAS, UN AÑO NUEVO LLENO DE ESPERANZA, porque es lo que el mundo necesita.


Un beso para todos.

Concha.