

Hoy nos despertamos en España con las vocecitas de los niños del Colegio de San Ildefonso cantando los números de la lotería de Navidad. Un ritual más de estas fiestas que viene a unirse a aquella ilusión, ya pretérita, cuando los ojos se quedaban fijos en aquél pastor y en sus ovejitas junto al pesebre. En su lugar, ahora, esa estrella, punto extacto donde nació Jesús, allá en Belén.
Hoy la lotería es un ligero pellizco de emoción en el estómago, más por los recuerdos que por otra cosa, porque, en realidad, a España le sobran demasiados ricos pero también no pocos pobres. Y porque ya no se ven las cosas como se veían.
Hoy, somos conscientes de que, pese a tanto bienestar, la bolsa de pobreza se extiende como la pólvora, como se extiende la ineficacia de los gobiernos que no aciertan a erradicarla.
Por eso, la Navidad es un sí, pero no, una alegría empañada de tristeza, un payaso que ríe y llora al mismo tiempo.
Amigos. No os cuento nada nuevo. Sí os deseo, de corazón, con una furtiva lágrima que me nubla la mirada, UNAS FELICES FIESTAS, UN AÑO NUEVO LLENO DE ESPERANZA, porque es lo que el mundo necesita.
Un beso para todos.
Concha.