




¿Alguien dijo que, en invierno, es mejor un cuento triste?
No. Si el invierno te habla y el paisaje te tienta.
Hoy me ha hablado el paisaje de mi infancia, ahora cubierto de musgo y rigor térmico. Hoy, las conversaciones han sido más largas mientras el fuego de la lumbre pugnaba por su libertad.
Creo que fue Simone de Beauvoir la que dijo que cuando descubrió Paris (ella nació en Paris) lo que más la deslumbró fue su propia libertad.
Yo, hoy también, me he sentido un poquito más libre. Me siento así siempre que me aproximo a estos paisajes. En cualquier época del año: En verano y en invierno, en primavera y en otoño. La libertad es algo intrínseco, algo endógeno que nace con uno mismo, sin que nadie interfiera. Incluso aún cuando nos sintamos abandonados o ignorados.
La libertad es poderosa y egoísta incluso. Porque desdramatiza el drama, lo descontextualiza y evade. Porque lo dramático no es que te ignoren, sino que no te importe.
Eso también es libertad.














