15 de abril de 2007






















Pues Zamora cambia de tercio, como en los toros, y de las procesiones semanasanteras se pasa a las corridas y a las romerías. Ayer fue una tarde gloriosa en el coso zamorano. A favor de alcohólicos rehabilitados. La plaza abarrotada y los toreros, de lujo, pese a ir atavidados con trajes cortos, que es como más guapos están los toreros. Perdonadme que no me acuerdo de sus nombres pero torearon, el hijo del Cordobés (el reconocido), el sobrino de Paquirri, casado con la Morante, el hijo del Niño de la Capea y alguno más que no recuerdo, pero todos torearon bien y hubo cortes de orejas, que no de mangas.


Hoy, la romería del Cristo de Valderrey. La primavera por el camino y en la pradera. Las jotas y las canciones populares y los pies a saltos. Todo en buen ambiente y comida de hermandad, unos en la propia pradera, otros en el interior del recinto anejo a la pequeña ermita donde se venera al "Cristico", al Santo Cristo Valderrey. Yo, de buena mañana acudí en mi vieja bicicleta, a tiempo para captar la breve procesión sobre el monte, previa a la tercera misa. Mi bici, mi "democracia" como la llamo - tiene los mismos años que muertos lleva el dictador- la conservo como oro en paño pues, visto lo visto, es la única democracia que poseo.


Perdonad mi ironía pero hoy me siento así. Será la romería. Y la primavera.


13 de abril de 2007

Bercianos de Aliste

Siempre quise que llegara el momento y llegó. Bercianos de Aliste no paró de sonar en lo más profundo de mí durante mucho tiempo. La aventura se hizo efectiva cuando, sin mediar palabra, preparé los bártulos y me encaminé a vivir una manifestación de religiosidad popular con mayúsculas. En aquel pueblo zamorano, en pleno Campo de Aliste y al Oeste de la capital de provincia, sus apenas doscientos habitantes escondían algo, algo valioso y meritorio: la tradición de un acto religioso encabezado por la bandera de la sinceridad y del compromiso divino.
Oscar Delgado Barrientos.




Fotografías de Xavier Ferrer- 1998
Cuando la belleza es innegable y el rito una tradición, qué importa creer o no creer, sentir o no.
El hombre es el único ser capaz de preservar lo que le legaron y su obligación es saberlo transmitir. Cada cual que "haga de su capa un sayo".

8 de abril de 2007

Viernes Santo en Bercianos de Aliste - Zamora
















Las campanas de la Cristiandad han cantado la Resurrección del Señor y todavía, en Bercianos de Aliste, resuenan estremecidas las voces femeninas que en la tarde de Viernes Santo velaban a Jesús Yacente.

No es fácil olvidar lo que se vive esa tarde en esta localidad alistana donde parece se haya detenido el tiempo. Allí, la ceremonia del Descendimiento o del Desclavamiento sigue con la misma liturgia y parafernalia desde hace más de setecientos años, tal vez más. Allí, los cofrades siguen vistiendo con la misma mortaja, impecablemente blanca, que llevarán el día de su muerte. Blanco riguroso de pies a cabeza. Un blanco que cobra tintes fantasmagóricos bajo un cielo encapotado, en ocasiones rabiosamente azul.

Junto a la iglesia, bellamente engalanada en su interior, dispuestos en fila: el Crucificado al que desclavarán, primero un brazo, después el otro, el cuerpo ... y en el centro su madre, la Virgen, una imagen patética, ruda, tosca, cuya belleza se le supone, tan íntimamente la esconde. Sus lágrimas han cobrado fuerza en el rostro y se muestran como extrañas protuberancias de libre denominación. Y en último término el catafalco o urna, de madera y cristal. Tres elementos en medio del paisaje primaveral, tres elementos a los que se dirigen todas las miradas. Nadie va a perderse el ceremonial.

Y se oirá la voz del predicador subido en un estrado: "Quítese el letrero, la corona, los clavos de las manos..." y la imagen es recogida con sumo cuidado por los cofrades de la Santa Cruz que colocan el cuerpo de Cristo cubierto en el féretro transparente.

El cortejo, al completo, inicia la marcha hacia el calvario de piedra, donde los cofrades dan tres vueltas a las tres cruces de piedra para ganar la "indulgencia", rezan cinco padrenuestros a las cinco llagas del Señor para retornar, después, al templo.

Todo se ha consumado. La fe mueve montañas, la fe de los creyentes inamovible, y las conciencias de los que, atraídos por el espectáculo se acercan al lugar con la indiferencia del excepticismo, no sabrán qué decir ni qué pensar. Sentirán, simplemente.

4 de abril de 2007

Tincho: creciendo






A los gatos les gusta
subir al cielo
trepando una escalera
de caramelo.
Les gusta hacer cosquillas
a las estrellas
con los bigotes largos
y las orejas.
Les gusta hacerles bromas
a los ratones,
jugar a la rayuela,
pasear de noche
y cantarle a la luna
sus serenatas
hasta que los descubre
la madrugada.
Liliana Cinetto
Para Monny, que quería más imágenes de Tincho.

3 de abril de 2007





De la Santa Iglesia Catedral partió la Hermandad Penitencial de Nuestro Señor Jesús de Luz y Vida, obra del imaginero Hipólito Pérez Calvo, quién, como cada año, no falta a la cita para ver partir a su hijo. "Es como si fuera un hijo para mi, por eso vengo". Claro, como un padre o una madre orgullosos de ver al hijo desfilar.

Previo a la salida de la procesión, el acto litúrgico de la imposición de medallas a los nuevos cofrades/hijos/socios. Niños en su mayoría y muchos chinitos, prueba de la generosidad y solidaridad de los zamoranos que, según estadísticas, es en Zamora donde más niños se adoptan en España proporcionalmente a los habitantes.

Y el nuevo Obispo zamorano se estrenaba, no como oficiante sino como espectador. Y la Catedral, durante el acto y la posterior misa fue un clamor: murmullos, conversaciones, caminatas, paseos, lloros, gritos....Al final, uno de los oficiantes tuvo que llamar la atención, recriminar a la feligresía por el mal comportamiento, "incluso en el momento de la Consagración" -apostilló entristecido-. Yo pensaba en el nuevo Obispo y en la mala impresión que debió recibir, tanto como le han hablado del silencio, del fervor, del respeto de los zamoranos para con su Semana Santa.

Claro que, como si de un milagro se tratara, a la llamada de un acuerdo tácito no escrito en parte alguna, la chusma hizo un penitencial silencio que continuaría hasta la llegada al Campo Santo, incluso hasta el regreso, ya de vuelta para retornar a la Catedral.

Para entonces, don Gregorio, el Obispo, ya habría comprobado que lo que le decían era cierto. Ni vítores ni aplausos, ni una palabra más alta que otra. Las gentes de Zamora son así.

2 de abril de 2007

Duero







Atardecer en el Duero
mientras la silueta de la Catedral
emerge en el horizonte.
Para qué decir nada.