17 de mayo de 2007










Para quién se engalana, perfumado, noche y día. A quién susurra al oído
libando esencias. Para qué tanta exaltación bajo el sol...
Hoy me hice mil preguntas en este día -dicen- dedicado al mundo de Internet mientras, en derredor, la brisa me libaba a mí y mil pájaros cantaban a los grillos despiertos. Me cantaban y la piel se me erizaba y el agua volvía y me envolvía en bautismo, casi nupcial.
Todo va desapareciendo con la misma lentitud que se marchitan los pétalos blancos de la jara, los abultados capullos de la escoba, la suave blonda roja de la amapola. Hasta el dulzor de los pámpanos en mi boca será hiel y las ansias y la sed ya no serán ni ansias ni sed.
Basta en la piel el fuerte abrazo de la primavera.
Basta.


15 de mayo de 2007

Artesanía y folclore en Zacatecas - México










Dicen las gentes de Zacatecas que "el arte y la cultura se desbordan por calles y callejones, plazas y plazuelas, teatros y escenarios". Y dicen la verdad porque el arte es flor estacional y emerje en cada época del año. Y como las flores, el arte en Zacatecas, adopta los más bellos colores, los más cadenciosos movimientos, dejándose mecer por la brisa o por la arcilla multicolor de la madre tierra.

Dicen las gentes de Zacatecas que los jóvenes, cuando danzan, golpean el suelo con fuerza, con vigor, para desperezarse las piernas de las largas caminatas del nomadismo. Dicen que, hubo un tiempo, en que se masajeaban los tobillos con hierbas alucinógenas para resistir.

Dicen y nos cuentan, con una lengua primorosa, las gentes de Zacatecas, que existen dos tipos de personas: los artistas y los difusores de arte. Los primeros crean formas, sueños, palabras, los otros son los proclamadores de ese arte, los que gritan a los demás lo que han visto, lo que han sentido.

7 de mayo de 2007

Teotihuacan (México)











En el año 300 a.C. se funda la ciudad más grande de la Mesoamérica precolombina y en ella se establece la cultura Teotihuacana.

El domingo, 29 de abril, muchos mejicanos se habían acercado hasta las ruinas de Teotihuacan porque cuenta la leyenda que éste es el lugar"donde los hombres se hacen dioses" o "el lugar de los dioses". Decenas de familias, unidas y fervorosas, ascendían pacientemente hasta alcanzar la cima. Algunos llevaban muletas, algunos, incluso, de avanzada edad. Quemaba el sol y llovía de repente. Según me contaron, en ese lugar llueve siempre a las cinco de la tarde. Doy fe de ello. Dios sabe bien de la fe de estas gentes, de sus oraciones, de su fervor sin límite.
La mirada se deja llevar con facilidad de los oráculos de piedra y cal a los vendedores ambulantes que ofrecen plata a buen precio. "Te habrán dicho que mi plata es mala pero no es verdad, lo que ocurre es que ellos se llevan comisión si compras donde te indican". "Fíjate, todas las piezas están grabadas con el 925" -parece ser el distintivo que acredita al metal-.
No se equivocaban los vendedores. Sin embargo la dulzura, los buenos modos, la paciencia. Y es que a estos pueblos les domina la paciencia. El tiempo es oro porque dan todo su tiempo y el que lo recibe comprende que le están dando lo mejor.
Parece ser que los aztecas vieron en los españoles a su dios, el dios de tez blanca de rostro barbado. Esta fue la razón por la que Moctezuma los recibió amistosamente. Todavía siguen recibiendo a los de tez blanca amistosamente. Con los brazos abiertos. Con sus danzas, con sus esplendorosos frutos. Con sus mariachis.

5 de mayo de 2007

Zacatecas (México)














Y tu cielo nupcial, que cuando truena

de deleites frenéticos nos llena.

Trueno de nuestras nubes, que nos baña

de locura, enloquece a la montaña,

requiebra a la mujer, sana al lunático,

incorpora a los muertos, pide el Viático,

y al fin derrumba las madererías

de Dios, sobre las tierras labrantías.


De "La suave Patria"
Ramón López Velarde


Las cosas se hacen por amor o no se hacen y se escribe, en palabras de mi amiga Guadalupe Dávalos, "para dar cuenta de los instantes en que todo huele a leña..." y yo añado que se escribe por amor, en un acto de amor sin exigencias, en un acto en que se da alma, conscientes de que mientras damos nadie interfiere para consumar el acto.
Confieso que me he dejado conquistar como le ocurriera al navegante Colón por esta tierra de fuego y miel que se me ha prendido en la piel, impregnándome de aromas y sonidos que me eran familiares pero que no habían sido descubiertos.
Viajar también se hace por amor. Y Zacatecas enamora a primera vista. Es como ese amor con el que se ha soñado tantas veces y, de pronto, aparece un día. Y eso es lo que me ha ocurrido con esta monumental ciudad, declarada por la Unesco Patrimonio Cultural de la Humanidad.
Reconocer la propia arquitectura a miles de kilómetros de distancia, la propia lengua, aderezada por una musicalidad que empaña los ojos y escuchar novedosas palabras que la enriquecen todavía más, es un regalo para los sentidos.
América, no lo puedo disimular, era un destino al que yo no había llegado y Zacatecas, en México, ha sido el gran descubrimiento que me ha hecho sentir el orgullo al tomar conciencia de que fueron mis propios ancestros los que construyeran a estas mujeres y a estos hombres confiriéndoles un humanismo y unos valores que han sabido preservar a lo largo de los siglos, mientras que por aquí no hacen más que zozobrar. Valores que se traducen en el respeto a sus mayores, a sus niños; cuando se comunican, cuando se miran y se escuchan, cuando se extiende una mano para solicitar caridad y la otra alimenta la boca del menor que sonríe confiado y feliz. Muchas son las emociones que producen en los españoles estas tierras zacatecanas con pigmentos rojizos y rosados. Muchas son las emociones que traigo conmigo, apenas unas horas de haber regresado.
Volveré a escribir de Zacatecas: de su arte y de su cultura, de su folclore, de sus museos, de sus pirámides donde los hombres se convertían en dioses, de su color, de su calor.














28 de abril de 2007


Voy a dejaros unos días. México me espera.
A la vuelta os cuento.
Un abrazo.

25 de abril de 2007















Los amigos Lara, Luís y los amantes del País Leonés (León, Zamora y Salamanca) andan reivindicando por ahí que se reconozca de una vez nuestro territorio, otrora muy bien delimitado, y que quedó diluído, disperso en la gran comunidad castellanoleonesa. Razón no les falta porque, si bien, tenemos mucho en común las provincias citadas y mucha identidad compartida, poco se nos reconoce tras la inclusión obligada.
Viene esto a cuento de la grata jornada que disfrutamos el día de la fiesta de la Comunidad en la que nos reunimos unos cuantos amigos en campo abierto, en Sayago para más señas, tan afín al campo de Salamanca, donde se ama a la naturaleza como se aman a los animales que la habitan, donde se conoce al detalle el tiempo de las gestaciones de cabras, ovejas, vacas, yeguas o patas. Un mundo ajeno y extraño a los ciudadanos de la urbe, un mundo, en suma, que se pierden.
No faltó el rescate de palabras ya en desuso que proferían nuestros abuelos, ni faltó la clase práctica de taichí entre las féminas, que aprisionaban ese globo imaginario de energía y lo atraían para si, queriendo introducirlo en sus entrañas. Ni faltaron las canciones, ni las largas caminatas entre vacas, ovejas, junto a riachuelos cuajados de margaritas, ni, por supuesto, prescindimos del buen yantar.
Ni faltó en ningún momento Iva, la niña búlgara, que fue fotografiando a cada instante el jubiloso día.
Es bueno tener amigos y es más bueno todavía que éstos amen la naturaleza y la muestren con la misma ilusión que la viven.
Aprendimos muchas cosas: aprendimos a compartir y aprendimos a convivir. Supimos que una cuerda vieja, ya en desuso, entre otras aplicaciones, sirve para enrollarla e introducirla en el hueco del tronco de una encina para que en ella aniden las aves.
Ya atardecido, cuando la noche ya era dueña, nos despedía el multitudinario sonido de los grillos. Como una sinfonía espontánea, sin haber sido ensayada.