24 de junio de 2007

Cantabria: Valles Pasiegos


El río Pas, era para mí, simplemente una palabra de tres letras habitual en los crucigramas españoles y que venía a casar con otras, horizontales y verticales. Sabía que el río Pas era un río cántabro y poco más. Ahora sé que se le denomina de esa forma porque era un río de paso que permitía a los moradores que con él convivían, sortear la escarpada orografía de la cordillera cuando la nieve se convertía en agua limpia y cristalina y desaparecían los impedimentos para los desplazamientos

Por eso, cuando se accede a estos Valles Pasiegos se comprenden las dificultades con las que sus habitantes tuvieron que luchar pero al mismo tiempo se percibe también la modernidad que facilita el trabajo y que ha hecho evolucionar a nuevas formas de vida, sin renunciar a sus tradiciones más ancestrales como es la ganadería, tan favorecida, gracias a la generosa naturaleza de esta hermosa tierra.

En estos valles se aprende el verdadero sentido de la vida. Se disfruta de la propia filosofía que se desprende de sus gentes y de su actitud ante el futuro, siempre abierto a las nuevas perspectivas, a su inmenso potencial natural. Aprender a vivir y a gozar. En el Valle del Pas, aprendí, hace apenas unos días que cuando las vacas están acostadas en los prados es porque va a llover. Lo dijo una intelegente amiga de viaje, alguien que disfruta con la observación de campo. Poco tiempo después llovía torrencialmente. Las vacas permanecían quietas, dejando que resbalara la lluvia sobre su piel. Y la irlandesa Patricia añadió: "Y las vacas se quedan quietas, acostadas, para que su cama permaneza seca y así proteger sus barrigas de la humedad." A Patricia le recordaba mucho Cantabria a su querida Irlanda.



22 de junio de 2007

Embalse de Ricobayo (Zamora)



Transparente quietud. Junto a la tierra
rojiza, desecada hasta la entraña,
con aridez que es ya calcinación,
se abre el Mediterráneo. Hay pino bajo,
sabinas, pitas, y crece el tomillo
y el fiel romero tan austeramente
que apenas huelen si no es a salitre.
Quema la tramontana. Cae la tarde.
Verdad de sumisión, de entrega, de
destronamientos, desmoronamientos
frente al mar azul puro que en la orilla
se hace verde esmeralda. Vieja y nueva
erosión...

Claudio Rodríguez
"Frente al mar" del libro II de Alianza y Condena

El poeta se encontraba frente al mar, viéndolo desde un lugar llamado "Las Mayoas" Ibiza.





Lejos de su tierra, Zamora, y lejos de su río, el Duero, tal vez, también, lejos del Esla, afluente de aquél. Lejos de todo ello Claudio soñaba como sueñan los seres solitarios, como yo soñaba ayer, muy lejos de Ibiza y de "Las Mayoas". Me embargaba el aroma a tomillo y a romero de mi tierra, me acariciaba la brisa del agua mansa sobre el cerro de Peñimaña, los ojos oteando, como los del halcón, la anegada cueva del Castillo.
Me rodea esta quietud, lienzo verde
con primor bordado. Bastidor de miel
e hilos de agua. Y va cayendo el día
mientras las nubes bajan y yo tiemblo
de nostalgia y saudade portuguesa.
Todo es verdad y mentira. Todo es.
Todo fue quimera y todo sueño fue
frente a este río mío: río Esla.

13 de junio de 2007

Muelas de Pan (Zamora) Mi tierra mi gente





Escribió Unamuno: "voy a pasear por el campo para encontrarme con el pastor y hablar de filosofia..." Y yo escribí hace algunos años en uno de mis poemas. "he recorrido las selvas, los mares, los continentes..."
Ayer he vuelto a pasar por aquéllos caminos verdes por los que gustaba a mi padre pasear y a mi abuelo atesorar. Ayer, tras una jornada familiar con mi madre y hermanos he vuelto a sentir la tierra que nos gime en su interior y nos une al ser acariciada. Ayer se hizo el líquen polvo entre los dedos mientras algunos símbolos del alfabeto ibérico reposan para siempre sobre la "peña redonda", allí, donde mi abuelo trillaba la mies en los tórridos veranos. Ayer supe que mi abuelo escondió en un tubo de plomo algún dinero y cuando fue a recogerlo se lo habían comido los ratones. Ayer éramos muy niños y hoy somos protagonistas de nuestra historia, de una historia simple que hoy nos acompaña, como acompañan mis pasos a esta tierra nuestra.


























5 de junio de 2007

Romería de los "Viriatos" o "Pendones" - Fariza


















Entre oloroso tomillo, jaras engalanadas de encaje y flor gualda de escoba, se celebra cada primer domingo de junio la romería de los Pendones en Fariza. Una espectacular marcha humana caminando al unísono hasta la ermita, desde donde se divisa el embarrancado Duero, viene a corroborar que al hombre le fascinan las manifestaciones populares, donde se mezclan la fe, el folclore y el deseo constante de perpetuarse en el tiempo.

Los viriatos o pendones son blancos, impecablemente blancos, de siete metros de altura que cada una de las localidades que rodean a Fariza, incluida Arganín, llevan ese día hasta la ermita de la Virgen del Castillo, en Fariza de Sayago.

Del ástil de madera, rematado en un bola vegetal de 'carrasquero' parten tres vientos que sujetan otros tres hombres –cordeleros– para ayudar al cuarto, que carga con todo el peso de Viriato, apoyado en el ancho cinturón de cuero.

Las gaitas, las salves a la vírgen, la alegría del pueblo y la fuerza que imprime esta tierra sayaguesa, fueron los protagonistas de esta fiesta bellísima y antropológica, una más, de las que se celebran en la provincia de Zamora.

30 de mayo de 2007

Melilla: encrucijada de culturas































































Vistas así las cosas y a esa distancia, parece como si no hubiera transcurrido el tiempo.-me refiero a la primera fotografía- Sin embargo, una inocente lupa me lleva a la cruel realidad: los años no perdonan y la piel no lo resiste.
Viene esta introducción a cuento de que visité Melilla por vez primera en viaje de novios. Recorríamos Andalucía y al llegar a Málaga se nos ocurrió atravesar el estrecho -sería nuestro primer vuelo- y conocer la ciudad melillense. Estoy hablando de hace casi cuarenta años. Los hará el próximo febrero.
Lo poco que yo recuerdo de aquella ciudad ubicada en el norte de África eran sus destartaladas calles sin asfaltar, moros y cristianos deambulando sin rumbo y casi sin sentido. Un olor pestilente, suciedad, miseria, pobreza. Recuerdo habernos alojado en un "hotel" donde, para tomar un baño había que bajar por una interminable y fría escalera hasta unos recintos extrañísimos. Todo era triste y no invitaba a permanecer allí. Una noche de estancia bastó. La imagen de Melilla era borrosa y casi inapreciable para mí.
Por eso, arribar hoy a Melilla ha sido una de las más gratas sorpresas que he recibido en mucho tiempo. Para empezar, he descubieerto una ciudad modernista, con aires cosmopolitas, de impecable trazado en calles y plazas de las que emergen importantes edificios construidos a principios del siglo XX cuando la ornamentación se cuidaba en formas y volúmenes. Se apostaba fuerte por esta ciudad que avanzaba firme hacia la modernidad. Hoy los fondos europeos han hecho el milagro. Como ha ocurrido con otras ciudades españolas, a Melilla se le ha lavado la cara: se han rehabilitado fachadas y edificios, se han logrado nuevas infraestructuras, se han embellecido parques y jardines, se ha dotado de moderno mobiliario urbano y la ciudad es una belleza.
Melilla ha aprovechado su situación privilegiada, geográfica y económicamente y se ha convertido en una ciudad de grandes posibilidades turísticas al reunir todas las condiciones que se requieren para que así sea: historia y modernidad, multiculturalidad, sabores gastronómicos, aventuras en el desierto, deportes naúticos, excelentes compras, espléndidos hoteles, diversión y un larguísimo etcétera. Y todo ello junto a unas playas de finísima arena blanca y unas aguas transparentes y cálidas.
Y mientras sucede todo esto, Melilla prepara su futuro para convertirse en Patrimonio de la Humanidad porque antes que un derecho es un deber para que así sea. Argumentos le sobran: bienes materiales sustanciados en valores Modernistas, arquitectura y urbanismo, sus recintos fortificados de los S.XVI y XVII; bienes inmateriales como son la convivencia pacífica de diferentes etnias y religiones como la musulmana, judía, bereber, cristiana e hindú.
Y a todo esto se suman los bines especialmente recomendados por la UNESCO como son los bienes NATURALES, como por ejemplo las islas Chafarinas.
Melilla es una ciudad con una calidad de vida altísima y con un poder adquisitivo medio alto que permite a sus ciudadanos vivir como al resto de los ciudadanos europeos, pero con una ventaja añadida, estar a dos pasos de Europa y de Africa y disfrutar de ambos continentes como gusten.
Sin duda, la FEPET, acertó al elegir Melilla para celebrar allí su XXVIII congreso nacional.