El río Pas, era para mí, simplemente una palabra de tres letras habitual en los crucigramas españoles y que venía a casar con otras, horizontales y verticales. Sabía que el río Pas era un río cántabro y poco más. Ahora sé que se le denomina de esa forma porque era un río de paso que permitía a los moradores que con él convivían, sortear la escarpada orografía de la cordillera cuando la nieve se convertía en agua limpia y cristalina y desaparecían los impedimentos para los desplazamientos
Por eso, cuando se accede a estos Valles Pasiegos se comprenden las dificultades con las que sus habitantes tuvieron que luchar pero al mismo tiempo se percibe también la modernidad que facilita el trabajo y que ha hecho evolucionar a nuevas formas de vida, sin renunciar a sus tradiciones más ancestrales como es la ganadería, tan favorecida, gracias a la generosa naturaleza de esta hermosa tierra.
En estos valles se aprende el verdadero sentido de la vida. Se disfruta de la propia filosofía que se desprende de sus gentes y de su actitud ante el futuro, siempre abierto a las nuevas perspectivas, a su inmenso potencial natural. Aprender a vivir y a gozar. En el Valle del Pas, aprendí, hace apenas unos días que cuando las vacas están acostadas en los prados es porque va a llover. Lo dijo una intelegente amiga de viaje, alguien que disfruta con la observación de campo. Poco tiempo después llovía torrencialmente. Las vacas permanecían quietas, dejando que resbalara la lluvia sobre su piel. Y la irlandesa Patricia añadió: "Y las vacas se quedan quietas, acostadas, para que su cama permaneza seca y así proteger sus barrigas de la humedad." A Patricia le recordaba mucho Cantabria a su querida Irlanda.

