18 de octubre de 2007

MALAYSIA: KOTA KINABALU (Isla de Borneo) (3)































Kota Kinabalu es la capital de Sabah. Tras haber sido destruida durante la Segunda Guerra Mundial por los ingleses para qué esta no quedara a favor de los japoneses, hoy se muestra completamente reconstruida y el modernismo convive con las más rancias tradiciones. Hasta 1968 la ciudad tenía el nombre inglés de Jesselton.

En la zona del paseo marí­timo se respira el tí­pico ambiente de ciudad marinera, con sus tiendas y sus puestos llenos de recuerdos, objetos artesanales, conchas, tejidos, fruta y pescado.
Se pueden recorrer la historia y la cultura de la ciudad y de toda la región en una visita al Sabah Museum, que ofrece una abundante colección de objetos indí­genas y cerámicos. Cabe destacar también la Mezquita de Estado y la sede de la Sabah Foundation, un edificio modernísimo de 32 pisos con enormes ventanales de espejo. Pero la belleza de Kota Kinabalu se debe principalmente a la naturaleza. La capital debe su nombre al monte situado a pocas decenas de kilómetros y que tiene una altura de 4.101 metros sobre el nivel del mar, un récord en el sudeste asiático.
La región del Monte Kinabalu es un parque nacional con una gran variedad de flora y fauna protegida. Ante la capital se encuentra otra reserva natural, la de las cinco islas del Tunku Abdul Raham National Park, un paraíso marino y submarino en el que los apasionados del buceo pueden disfrutar de un increíble espectáculo de colores.
En la costa se encuentra el pequeño pueblo de Mengkabond, construido sobre el agua, un lugar que parece de otra época, donde los tranquilos habitantes viven felices en barcas y palafitos.
Es el paraíso, en todo su esplendor.





5 de octubre de 2007

Langkawi - MALAYSIA (2)
























Llegar al aeropuerto de Langkawi es ya un espectáculo. Con un tren eléctrico automático que conecta unas terminales con otras, grandes ventanales, triples alturas y techumbres de formas extrañas que se sostienen por enormes tubos en forma de Y. Y mientras se camina se deja ver la vegetación en todo su furor rodeando el edificio. En su interior compiten el lujo y la comodidad, la limpieza y el orden. Lujosas tiendas donde se muestran las más prestigiosas firmas. El viajero se queda boquiabierto.

El viaje en autobús pronto nos deja en el complejo hotelero y es cuando se toma conciencia de que se ha llegado al paraíso. Allí sólo la naturaleza es protagonista. Al amanercer, la primera noche, me despertó un bellísimo pájaro que se había colado en mi habitación y picoteaba una manzana. El ruido del pico sobre el fruto fue lo que me alertó. Quise fotografiar la escena pero al moverme el pájaro se alejó. El mar, justo al lado, semioculto por la vegetación dejaba oír la suave caricia de las olas sobre la orilla. Miles de pájaros acompañaban el murmullo del agua. Un pequeño surtidor en el estanque de nenúfares surgió de pronto para indicar que comenzaba el día.

La isla de Langkawi se abrió al turismo en los años ochenta, aunque todavía conserva su tradicional cultivo de arroz, la artesanía y pesca. Sin embargo el turismo está pisando fuerte y la implantación de hoteles de lujo dan una idea de que es en este sector donde se basa su principal economía.

Todo es pulcritud y armonía, todo es limpieza y orden. Apenas se fuma y si se fuma ha de ser junto al cenicero destinado al efecto, sin moverse de allí, para que toda la ceniza caiga dento de él. Ocurre lo mismo en la calle.
En Langkawi se puede recorrer un río cuyas orillas dejan ver las raíces de los árboles, completamente descarnadas por mor de las mareas. Los monos, en las márgenes, deambulan mirando, atentos, nuestro bogar. De regreso, tras una suculenta cena en un restaurante dentro del agua, a base de gambas fritas y trocitos de pollo almibarados, de nuevo a los barcos. Ya es noche cerrada y las embarcaciones no llevan luz. Los expertos guías se orientan por la sombra de los árboles sobre el agua. Navegamos a gran velocidad.
También, en Langkawi, se accede hasta una inverosímil altura a través de un funicular desde donde se divisan islas, agua, construcciones típicas.
Noventa y nueve islas componen el archipiélago de Langkawi. Y otras tantas leyendas por descubrir.












3 de octubre de 2007

Malaysia: KUALA LUMPUR (1)











"Selamat Datang": Bienvenidos, amigos, a Kuala Lumpur, la principal ciudad de Malasia que nació en el siglo XIX, cuando era, tan sólo, un pueblo minero destinado al comercio del estaño. Hoy, KL es una gran metrópoli cuyo dinamismo atrae a gentes ávidas de actividades comerciales, políticas, culturales e internacionales.
Este año, precisamente, Malasia conmemora sus "50 Years of Nationbood" y FEPET, la Federación Española de Periodistas y Escritores de Turismo, ha seleccionado este país para celebrar su XVIII Congreso Internacional, coincidiendo con tan señalados fastos.
Del 23 al 30 de septiembre, apenas ocho días, han bastado para pulsar el latir de este bellísimo país tropical, que pasa del día a la noche en un santiamén, basta un breve parpadeo y ya es noche cerrada.
Kuala Lumpur cuenta con dos millones de habitantes, dos millones de sonrisas que se muestran a cada paso, por el día, mientras caminan por las calles, por los parques, o desarrollan su vida laboral en los comercios, en los bancos, en los puestos callejeros. Sonríen por la noche en los lugares de diversión, al ritmo de la música, al ritmo de la propia vida, que discurre sin sobresaltos, en un lugar que se parece y supera, al paraíso que imaginábamos desde la infancia. Kuala Lumpur es moderna y al mismo tiempo ancestral y religiosa, donde conviven musulmanes, budistas, taoístas, cristianos o confucionistas. El islam es la religión oficial (52%), el budismo (17%), taoísmo (12%), el resto confucionismo, cristianismo e hinduismo. Y todo en perfecta armonía y en convivencia pacífica porque en Malasia se respetan las normas cívicas, se ama la naturaleza como a la propia familia, se cuida el entorno y nadie osa alterar el orden público.
La ciudad camina rápidamente y hoy se vanagloria de poseer uno de los rascacielos más alto del mundo, sus magníficas torres gemelas, las Torres Petronas, diseñadas por el arquitecto argentino César Pelli. Con una altura total de 452 metros, esta pareja de rascacielos fueron los edificios más altos del mundo entre 1998 y 2004, momento en que fueron superadas por el Taipei 101. Las torres albergan en su interior un complejo de oficinas: las de la compañia nacional de petróleo y gas de Malasia. Están construídas en vidrio y acero y con un total 32 mil ventanas, son toda una obra de ingeniería. Tienen un total de 88 plantas a las que se accede a través de 75 ascensores. Fueron construídas siguiendo un diseño geométrico islámico: su planta consta de dos cuadrados entrelazados, formando la tradicional estrella de ocho puntas.
Como dato curioso, las torres cuentan con una pasarela situada a 44 pisos de altura que une ambas torres. El puente consta de 2 alturas y permite el tránsito entre los diferentes departamentos (despachos, salas de reuniones, comedores, etc…), siendo también una vía alternativa de escape en caso de incendio en alguna de las torres. Además de su funcionalidad, el puente simboliza “una puerta hacia el infinito del cielo”.
Por suerte, pudimos acceder hasta el piso 42, donde se nos sirvió una cena. A partir de esa altura, el resto de las plantas son privadas. No obstante, la vista que se nos ofrecía, de noche, de Kuala Lumpur, algo más que un sueño asiático.
Un lujo.

19 de septiembre de 2007

El Esla







Me despido del verano como las hojas marchitas en otoño, dejándose llevar a merced del viento, agitadas y estremecidas, huyendo de acá para allá, sin saber exactamente donde detenerse.

Hay veranos así, opacos, de tan claros- ensombrecidos- de tan cálidos, helados. Hay veranos que sonríen, ríen a carcajadas y lloran a un tiempo.

Me despido del verano en familia, visita al vecino Portugal y dando un breve paseo en barco por las aguas del río de mi pueblo. Bendito río y bendito pueblo, sosiego de mis ansias, sosiego de mis miembros. Este verano loco, el Esla ha estrenado un pequeño pantalán del que parten escuetas embarcaciones donde se rema y pedalea o se surcan las aguas en catamarán para descubrir nuevos paisajes allende las playitas conocidas y abruptas orillas.

El Esla tiene mucho que decir. Mucho me dice a mì.

Hasta la vista amigos. Hasta pronto.

19 de agosto de 2007

Bragança medieval


Bragança, esa ciudad de Trás-os-Montes, siempre verde y siempre acogedora, se ha visto, en estos días, engalanada como lo estaba allá por el 1300 cuando los reyes eran dueños, no sólo de las tierras sino de la voluntad de sus hijos. Tal es el caso de Don Alfonso IV, quién pretendió casar a su hijo, el infante Don Pedro con Doña Constanza de Castilla, despreciando los sentimientos de éste, enamorado perdidamente de Inés de Castro, dama de compañía de la infanta de Castilla.

Una bonita y trágica historia de amor como son casi todas las grandes historias de amor, sin un final feliz.



Y así, de esta guisa se mostraba la ciudadela de Bragança, ese recinto que recuerda al Mont Saint Michael, al que se accede lentamente sobre empedrado suelo bordeado por serpenteantes calles hechas de casitas magníficamente conservadas.









Estandartes, música, puestos ambulantes ofreciendo productos de la tierra, saltimbanquis, juegos malabares, cetreros dirigiendo las evoluciones de los halcones, y todo lo que la imaginación pueda imaginar, fueron escenario de excepción mientras ascendíamos al mismo recinto del castillo cuando, ya entrada la noche, se representaba la boda secreta de los amantes y del posterior asesinato de Doña Inés.


Y así transcurrió la jornada para los que nos acercamos desde tierras próximas del reino de Castilla. Con el corazón contrito y con la emoción en la piel.

Ignoramos qué ocurriría con los sentimientos de doña Constanza de Castilla. Los cronistas no nos cuentan cómo vivió ella el desaire de don Pedro al preferir a la gallega Inés. Es cierto eso que dicen que hay más afinidades de los portugueses con Galicia que con la propia Castilla, incluso con el propio reino de León. Así se escribe la historia.

Consideraciones aparte, las horas pasadas en este rincón de Iberia fueron más que satisfactorias. La estancia en la ciudad de Bragança fue como se esperaba. Mientras regresábamos los brigantinos seguían con sus fiestas.