14 de noviembre de 2007

A mis amigos compañeros de viaje por Jordania






























Porque la amistad pesa mucho más que las piedras de Jordania, a vosotros, compañeros de viaje, porque me hicisteis feliz con vuestra compañía y conversación, con vuestras risas, con vuestra singularidad, con vuestra voz y circunstancia.
Dicen los buenos comensales que importa mucho más que lo que hay en el plato, lo que se sienta en la silla.
En los viajes se puede decir lo mismo, porque deja tanta huella el compañero de viaje como las propias huellas del pasado de Jordania. Que ya es decir.
Sirva este pequeño reportaje fotográfico como homenaje a vuestra amistad. Ya definitiva.
Besos a todos.

9 de noviembre de 2007

JORDANIA - Por el SIC, hacia EL TESORO











La ciudad nabatea de Petra está excavada en rocas de tonalidades rojizas y escondida en un misterioso e imperturbable valle que la mantuvo ajena al devenir histórico durante siglos, hasta que un explorador suizo, Jean Louis Burckhardt dio con ella en 1812. Ocurrió por casualidad, por un cambio de itinerario. Eligió la entrada por la actual Jordania y no la vía de Trípoli como habían hecho otros exploradores desaparecidos. Durante dos años aprendió la lengua y las costumbres árabes, se dejó crecer la barba, se convirtió al Islam y cambió su nombre por el de Ibrahim Ibn Abdullah. Murió a los 33 años, siendo enterrado en el cementerio islámico de El Cairo con el adoptado nombre.


Hoy, son más de tres mil personas al día las que hacen el mismo recorrido que hizo el suizo, adentrándose por las pronunciadas gargantas, fotografiando frenéticamente cada tramo, cada fachada, cada monumento excavado en la rosada piedra.


Y así se accede a la fachada más fotografiada del mundo, denominada :"El Tesoro". Se llama así porque fue en este lugar, en la urna situada en la parte superior central, donde los nabateos guardaban todo lo que saqueaban a los que por allí transitaban. Fueron temidos por sembrar el terror asaltando a las numerosas carabanas que circulaban por aquella senda. Más adelante, pasaron a cobrar aranceles y peajes por recorrer el mítico camino de los Reyes, entre el Mar Muerto y las ciudades helenizadas de la Decápolis. El rigor del desierto impedía buscar otras rutas. Los nabateos, por el contrario, eran hábiles y se movían con facilidad por la zona consiguiendo extender su influencia hasta la vecina Siria donde descubren otra importante civilización: la romana. Su permeabilidad cultural pronto se hizo notar en la arquitectura que desarrollaron en Petra. El gusto por el arte helénico y egipcio se manifiesta en fachadas y estructuras de sus edificios, hecho que no pasa desapercibido para el curioso que hoy llega hasta Petra. Decían los griegos, orgullosos de su arte, que, los romanos, cuando descubrieron su arquitectura, envidiosos, quisieron imitarlo y superarlo en grandiosidad, pero esa monumentalidad, lejos de conferir la armonía y estética que guardaba toda arquitectura griega, se resumía en burda y tosca imitación.

Petra, por el contrario, pese a ser monumental y grandioso todo cuanto se encuentra a su paso, al estar enclavada en tan sigular espacio, hace de sus monumentos algo único para quienes saben absorber el encanto del silencio observando el calidoscopio, la transformación interminable de los colores a medida que el sol los va bañando con su fulgor, las sombras cimbreantes al anochecer, al ascensión al Monasterio, (a pie o a lomos de un burro, azuzado vigorosamente por el beduino). Todo en Petra es emoción y gratitud hacia el pueblo nabateo que ha dejado para la humanidad su legado más valioso.

6 de noviembre de 2007

Gentes de Jordania















Qué sería de los pueblos: de sus monumentos, de sus piedras, de sus paisajes y sus mares, de sus ríos y montañas, de sus valles rosados, de sus desiertos rojos, de sus gentes, de sus vidas sin prisas. Qué sería de los pueblos sin sus gentes.
En Jordania, el hombre es su monumento más señero.

30 de octubre de 2007

MALAYSIA - Sabah, Borneo (y 4)
























Es ahora EL Parque de Kinabalu en Sabah, Borneo. Con una superficie de 754 km, incluye el Monte Kinabalu, el Monte Tambayukon al norte y las colinas bajas, transformadas en parque para salvaguardar un patrimonio natural privilegiado y encerrado entre montañas.
La visita al Santuario de los Orangutanes “hombres del bosque”, es un espectáculo difícil de olvidar. Mientras íbamos introduciéndonos en la selva a través de rústicos puentecillos de madera, el guía iba relatando la vida de estas especies. Insistía en que eran muy inteligentes, mucho más de lo que imaginábamos. Como en Malaysia, la noche cae de repente, las crías, cuando se apartan de las madres, pueden perderse y, tal vez, nunca puedan encontrarlas. Cuando esto ocurre, si tienen la suerte de no ser devoradas por algún felino, pueden acceder hasta lugares donde todavía habitan primitivas tribus de cazadores recolectores, quienes las adoptan y conviven con ellas como si fueran un miembro más de la familia. El problema comienza cuando las crias llegan a la edad adulta. El guía contaba que los monos son muy activos sexualmente y cuando quieren aparearse, como no encuentran pareja pretenden hacerlo con la primera hembra que encuentran y, claro, ésta puede ser la señora de la casa y, cómo no, ahí comienzan los problemas, porque "eso no se puede permitir" -dijo el guía- . Entonces arremeten contra todo lo que encuentran: el aparato de televisión, la radio, las sillas, cacharros de cocina...destrozándolo todo. Para evitar esto, se han creado una especie de “guarderías” que las dirigen personas sensibilizadas con el medio ambiente y que protegen la selva y a las especies que allí viven. Se encargan, como lo harían las propias madres, de cuidar y proteger a estas crías perdidas, las enseñan a convivir con otras especies, a encontrar comida, a saber que, para dormir, por ejemplo, deben trepar a grandes alturas sobre los troncos de los árboles para que las fieras no los puedan devorar ya que éstas sólo suben más de cuatro ó cinco metros. Les enseñan, en definitiva, cómo llegar a ser adultos.
Memorable el momento de la hora de la comida. A la hora exacta, las once de la mañana, las ramas de los árboles comenzaron a moverse y decenas de monos descendóan de todas direcciones. Sobre una plataforma circular, de madera, a modo de escenario, un hombre repartía la comida. Muchas hembras llevaban a sus crías agarradas firmemente a su piel. Gritos, carreras, peleas y chillidos llenaban la selva, adormecida y silenciosa hasta esos momentos. El encargado de darles de comer intentaba poner orden sin conseguirlo. Cada cual se llevaba a la boca lo que podía. Era la ley de la selva.

Malaysia es un país que deslumbra, por sus paisajes, por sus formas de vida y por ese aparente estado de felicidad permanente que se adivina a través de la sonrisa de mujeres y hombres. Una felicidad contagiosa.








18 de octubre de 2007

MALAYSIA: KOTA KINABALU (Isla de Borneo) (3)































Kota Kinabalu es la capital de Sabah. Tras haber sido destruida durante la Segunda Guerra Mundial por los ingleses para qué esta no quedara a favor de los japoneses, hoy se muestra completamente reconstruida y el modernismo convive con las más rancias tradiciones. Hasta 1968 la ciudad tenía el nombre inglés de Jesselton.

En la zona del paseo marí­timo se respira el tí­pico ambiente de ciudad marinera, con sus tiendas y sus puestos llenos de recuerdos, objetos artesanales, conchas, tejidos, fruta y pescado.
Se pueden recorrer la historia y la cultura de la ciudad y de toda la región en una visita al Sabah Museum, que ofrece una abundante colección de objetos indí­genas y cerámicos. Cabe destacar también la Mezquita de Estado y la sede de la Sabah Foundation, un edificio modernísimo de 32 pisos con enormes ventanales de espejo. Pero la belleza de Kota Kinabalu se debe principalmente a la naturaleza. La capital debe su nombre al monte situado a pocas decenas de kilómetros y que tiene una altura de 4.101 metros sobre el nivel del mar, un récord en el sudeste asiático.
La región del Monte Kinabalu es un parque nacional con una gran variedad de flora y fauna protegida. Ante la capital se encuentra otra reserva natural, la de las cinco islas del Tunku Abdul Raham National Park, un paraíso marino y submarino en el que los apasionados del buceo pueden disfrutar de un increíble espectáculo de colores.
En la costa se encuentra el pequeño pueblo de Mengkabond, construido sobre el agua, un lugar que parece de otra época, donde los tranquilos habitantes viven felices en barcas y palafitos.
Es el paraíso, en todo su esplendor.