14 de octubre de 2008

Bolivia, sus gentes, sus iglesias, su fe, su arte, su música...























Su inocencia y su paciencia, su saber sobrevivir en un lugar donde la naturaleza es próspera y donde sus formas de vida se estancan a través de los siglos.

El Congreso Internacional de FEPET, la Federación Española de Escritores y Periodistas de Turismo, nos ha llevado, en esta ocasión a tierras sudamericanas, Bolivia, Paraguay y Brasil, lugares que nos unen a los españoles por la lengua y por la fe, una fe que permanece intacta y potenciada por el gran legado que los jesuitas dejaron en estos lugares donde las palabras suenan como balbuceos de niño en sus tiernas bocas.

San Javier, Iglesia Jesuítica Misional, declarada por la Unesco, Patrimonio Cultural de la Humanidad y fundada en 1691, es la más antigua.Su estilo, barroco mestizo, está adornada con columnas talladas en madera y dibujadas con colores naturales. Su pintura predominante es el rojo y el negro, debido a que en esa época usaban la mezcla de la resina de plantas, la tierra colorada y la tierra del hormiguero. En su frente destacan las imponentes columnas salomónicas de madera.

Y en medio de tanta belleza, sus gentes, los indios guaraníes, sus mujeres y sus niños, sus jóvenes interpretando sus más antiguas danzas en medio de la alegría y el agradecimiento por llegar desde tan lejos, desde la desconocida España.

A nuestra llegada, a Santa Cruz, quiso la casualidad que viviéramos el conflicto social que vive el pueblo, su malestar ante las malas políticas de sus gobernantes. Pese a ello, nuestra sensación fue de tranquilidad ya que siempre nos sentimos seguros.

La ciudad, estampa de arquitectura española,que se muestra a cada paso, intenta superar el atraso secular, para exhibir tímidamente, infraestructuras urbanas que facilitan un poco más, la vida de sus habitantes.

Bolivia, esplendorosa en su paisaje verde y rojo, generoso en toda su extensión, como generoso es su pueblo que lo da todo, sin esperar nada. O casi nada.

27 de agosto de 2008

Lisboa y mucho más
























Para soñar, para recordar, Lisboa en la retina, Lisboa a través del ayer, a través de ese tiempo que no pasa, a través de sus gentes, al amparo de su quietud, al embrujo del sonido de la guitarra portuguesa. Lisboa. Para volver a sentir su latido atlántico.

12 de agosto de 2008

Embalse de Ricobayo





































Entre orillas majestuosas hechas de granito y pizarra, el río Esla se ha converetido en lugar preferido, no sólo por sus lugareños sino por ciudadanos de toda Castilla y León y Madrid que acuden, a diario, a solazarse y disfrutar de unas aguas limpias y transparentes, donde se puede ralizar cualquier deporte náutico. Si a esto añadimos la gran abundancia de fauna piscícola: bogas, barbos y otras, para disfrute de pescadores, la jornada puede resultar más que satisfactoria.


Mientras se navega por las aguas del embalse de el Esla se van contemplando las caprichosas formas que adoptan las piedras, los empinados pueblecitos de Villaflor o Manzanal con su club de vela, y el lugar exacto donde estaba el famoso templo visigótico del siglo VII, San Pedro de la Nave, el primer templo que se cambió de lugar en Europa. Había que salvarlo de las aguas y el hecho supuso un hito en aquellos años. Ahora se encuentra en la cercana localidad de El Campillo, su emplazamiento definitvo. La presa de Ricobayo se inauguró en el año 29, siendo el Rey Alfonso XIII quién se desplazó hasta el lugar para la inauguración de la citada presa de Ricobayo.



Además de estos atractivos naturales, se ha puesto en funcionamiento un pequeño embarcadero que una empresa privada "Ricobayo natural" explota inteligentemente. Allí se pueden alquilar barcas de remo o pedaleo, lanchas fuera borda y un acogedor catamarán, ideal para grupos de amigos o de familias. La oferta no puede ser más atractiva. Y todos estos alicientes aderezados con la permanente evocación de los recuerdos infantiles, porque, además es mi pueblo.