4 de julio de 2009

Lituania




Casas de Nida (Néringa)








Imágenes de Kaunas

Antiguo cuartel de la KGB, en Vilnius



Castillo de Trakai







Imágenes de Vilnius

Lituania es el mayor de los mini-estados bálticos. Sus más de 700 ríos y arroyos, alimentan bosques y cerca de 300 lagos. El río Nemunas atraviesa el país de este a oeste y todavía, hoy, sigue siendo una importante ruta de transporte.

Su población es de 3.646.O41 habitantes, siendo Vilnius su capital, con 579.000
(1.999)

Existe una hermosa leyenda sobre la fundación de Vilnius. Cuentan que en 1320, el Gran Duque Gediminas, tras una dura jornada de caza, mientras dormia, soñó con un lobo de hierro que aulló con la voz de cien lobos. Se dice que el lobo ordenó al Gran Duque que construyera una ciudad tan poderosa como su propio aullido. Sin embargo, cuenta la historia que mucho antes de esta época, Vilnius ya era un importante centro comercial y político gracias al acceso del Río Neris al Mar Báltico y al Mar Negro.


Lo cierto es que entra la leyenda y la historia Vilnius es una ciudad colorista y singular donde la cultura y el arte llevan al viajero a no pocas sorpresas. Su casco històrico es uno de los mejores conservados de Europa Oriental y ha sido declarado por la Unesco Patrimonio de la Humanidad desde 1994.

Pasear por sus estrechas calles es revivir el pasado de una historia que se refleja en cada rincón, en sus patios cerrados, en sus palacios, en su riquísima y variada arquitectura, donde el barroco, el gótico o el renacentista compiten en belleza y elegancia. Es famosa su catedral y la torre de Gedimino que luce bajo el sol de la primavera lituana, como lucen de la misma forma las fachadas de los palacios y las mansiones de los duques lituanos.

Precisamente, este mismo año de 2009. Vilnius ha sido Capital Cultural de Europa por haber sabido aunar la tradición cultural europea adaptándola a los nuevos retos. También, en este mismo año, se celebra el milésimo aniversario de la primera mención del nombre de Lituania.

La singularidad de esta ciudad queda patente de diferentes maneras. Pasenado por las orillas del río Neris, el curioso disfrutará del juramento de amor de las dos orillas. Descubrirá cómo se dice "te quiero" en lituano (As tave myliu) y la esperada respuesta del amado "y yo a ti" (Ir as tave). Tan romántica idea se debe al original artista Gytenis Umbrosas que hizo sembrar a uno y otro lado del río estas lecturas con flores rojas sobre el verde cesped. Así surgieron "Las Orillas del Amor".

Y nos sorprenderá Trakai, la antigua capital del Gran Ducdo de Lituania y su romántico Castillo de ladrillo rojo construido en el siglo XIV en una isla del lago Galve. Un lugar de esparcimiento donde los paseos en barca o entre el bosque circundante colmarán los deseos de los más exigentes. El lugar es como las imágenes que ilustraban aquellos cuentos de hadas que nos hacían soñar.

Kaunas es la segunda ciudad de Lituania. Está situada en la confluencia de los dos ríos más largos del país, Nemunas y Neris. Allí se elevan las ruinas del castillo de Kaunas que fue reconstruido a principios del siglo XIV para rechazar los ataques teutónicos. Está construido en ladrillo y es de estilo gótico, una impresionante joya arquitectónica que cuenta con dos hileras de murallas defensivas. A sus alrededores se alojaba la gente por eso, con el tiempo, el pueblo se convirtió en la ciudad de Kaunas que hoy podemos disfrutar. Otros monumentos de interés de de gran belleza son, su Catedral de estilo gótico, la Casa de Perkünas, que se así se denomina porque en una de sus paredes fue encontrada la estatua del dios pagano. La Iglesia de Vytautas, también construida en ladrillo y de estilo gótico perteneció a los monjes franciscanos y en tiempo de las guerras napoleónicas existió un almacén de munición. Aquí está enterrado el escritor canónigo J.Tumas-Vaizgantas.

Neringa, maravilla de la naturaleza e incluida, también, en la lista del Patrimonio Mundial, se encuentra en un insólito paisaje donde nos vamos a encontrar con la duna de Parnidis, que tiene una una altura de 52 metros, coronada por un enorme reloj de sol en piedra cuyo gnomon ha sido derribado por el viento para demostrar que los elementos, cuando quieren, siempre vencen al hombre. Los pescadores, aquellos primeros habitantes originarios de la Península de Curonia, tenían la costumbre de instalar una veleta en el punto de la costa donde “aparcaban” sus barcos. Aún se pueden contemplar, hoy, muchas de estas casitas adornando sus tejados con sus veletas, todas diferentes. En una de ellas, a la que se accede por una desgastada escalinata de madera, para nuestra sorpresa, la Casa Museo de Thomas Mann, el famoso escritor de “La Caída. Allí los recuerdos y objetos personales del escritor, sus fotografías, sus manuscritos. Un momento evocador para sus lectores.

Y el valle o colina de las Cruces, sorprendente y extraño. Y el Museo del Diablo. Y la República de Uzupis, un lugar para ejercer el arte en libertad y sin limitaciones.
Y, cómo no, el Museo del Ámbar.

Lituania nos sorprenderá siempre, por sus paisajes, por su arquitectura, por su actividad cultural, por sus artistas, por su gastronomía, por su limpieza, por su orden, por la belleza y elegancia de sus mujeres y, sobre todo, por ese amor y respeto ilimitado de los lituanos hacia sus costumbres y tradiciones que lo demuestran constantemente con su actitud patriótica.

11 de mayo de 2009

Amorgós - Grecia

























Hay lugares a los que se quiere volver una y otra vez pese a haberlos visitado en numerosas ocasiones. Y se desea volver, precisamente,  porque sabemos lo que nos vamos a encontrar: un paisaje limpio, sin contaminación, unas gentes sencillas, unos pueblecitos impolutos a los que pintan con flores el suelo de sus calles, a veces hasta las paredes de piedras  en el campo. Me estoy refiriendo a la pequeña isla griega de Amorgós, situada en la parte más suroriental de las Cíclades, un lugar ajeno a las corrientes turísticas y a las masificaciones, un lugar al que solo se puede acceder en barco desde el Pireo tras ocho horas de navegación en un Ferry que es casi tan grande como la propia isla donde una se pierde entre salas de televisión, restaurantes o cafeterías, enormes cubiertas y terrazas. Una travesía de ocho horas pero que se pasan en un voleo. No en vano la navegación nos lleva por las legendarias Paros o Naxos, localidades de casitas blancas, deslumbrantes, sobre el fondo terroso de las islas. El sol lo cubre todo; el cielo, la tierra, el mar. Una belleza desmesurada para lugares mágicos. En Amorgós apenas se nota la crisis porque siguen viviendo como lo hacían pretéritas generaciones, utilizando al máximo todos los recursos que da la isla. Son expertos en la elaboración de queso de cabra, en perfumes; cuyos aromas provienen de las miles de plantas que da la tierra y que sus habitantes conocen a la perfección. Plantas que utilizan tanto como  medicinas,  especias  o para la elaboración de perfumes. Allí, en el complejo hotelero de Irene Giannakopulos muestran al viajero cómo se hacen salsas, pastas, exquisitos manjares, para demostrarnos que la salud de sus gentes viene de largo, viene de una  calidad de vida que no da ni el exceso de consumo, ni la tecnología, ni los avances científicos, sino gracias a  una vida sencilla y al consumo natural sin aditivos ni contaminantes. Sí, Amorgós es ese lugar al que se desea volver aunque no se espere nada nuevo.

Uno de los lugares imprescindibles, visita obligada,  que nadie puede perderse, es el Monasterio de Chozoviotissa, un monumento incrustado en un enorme farallón a 300 metros sobre el nivel del mar. Este monasterio, del siglo XI, pasará en breve a ser Patrimonio de la Humanidad. Un equipo responsable de la Unesco trabaja para que así sea. El monasterio se encuentra a pocos kilómetros de Amorgós  y llama poderosamente la atención su espectacularidad, tanto por su estructura como por su ubicación. Cuando se contempla, se pueden  imaginar los argumentos que esgrime la UNESCO para que sea patrimonio de todos; y uno de ellos, tal vez el más importante, la fe, una fe que ahora retrocede pero que gracias a ella podemos asombrarnos con su contemplación.


Cuenta la leyenda que un día llegó a los pies del acantilado una barca sin nadie a bordo, solamente un pequeño icono con la imagen de la Virgen María en el fondo de la misma. Tal vez algún devoto cayó al mar dejando  la imagen a la deriva dentro de la barca. Dicen que, tal vez, una piadosa mujer habría querido salvar la imagen de los iconoclastas. La mujer podría ser originaria de Chotiva o Koziva, una ciudad de Tierra Santa y de ahí el origen del nombre del monasterio. De esta bonita leyenda, parte el motivo por el que se construyó.


Pero sigamos con la leyenda. Los habitantes del lugar, para albergar el icono, decidieron construir allí, en el mismo punto, una iglesia, justo al borde del mar, pero cuando estaba en plena construcción, un golpe de mar la destruyó aunque, milagrosamente se salvaron las herramientas que aparecieron a mucha más altura de donde se encontraban, en un lugar totalmente inaccesible. Asombrados debieron quedarse cuando vieron que el cincel del maestro estaba clavado en la roca, entendiendo que ese sería el lugar exacto  donde debía  construirse el monasterio. Y allí es donde se encuentra en la actualidad, para que se cumpla aquello de que “la fe mueve montañas” y se puede añadir que la fe rompe rocas, las amolda a su deseo y las transporta a 300 metros de altura sobre una playa inhóspita sin medir el sobreesfuerzo que supuso la construcción del monumento en época tan pretérita. Se cree que la fundación de este monasterio se  remonta al año 1017, aunque no sería hasta el 1088 cuando es verdaderamente fundado por el emperador bizantino Alejo I Commeno.

El edificio tiene una altura de 45 metros, mientras que su máxima anchura es de 4,6 m. Tiene, por tanto, una sola pared.  Sus ventanas, de diferentes tamaños,  miran al Egeo y se distribuyen de forma irregular. Está pintado de blanco como todas las casas de la isla y su blancura contrasta con el gris rojizo del acantilado lo que hace de él una fantasmagórica visión. Son 700 metros en total desde el borde del mar hasta su máxima altura.  Dos enormes contrafuertes son los responsables de que el edificio se deslice por la pendiente. Su robustez es más que evidente. Durante casi diez siglos estuvo habitado por un centenar de monjes aunque a partir de 1989 solamente lo habitan dos.


Puede visitarse con normalidad respetando la vestimenta. Hay que salvar un número de peldaños, unos 600, pero muy abiertos, lo que hacen el acceso cómodo. La entrada es a través de una puerta de mármol que nos conduce a una escalera angosta e irregular que lleva a los niveles superiores. En el más elevado se encuentra la capilla con sus iconos, donde no podía faltar el milagroso y protagonista  del Monasterio además de valiosos manuscritos. Las mujeres no pueden llevar pantalones para lo cual, a la entrada facilitan   pañuelos que utilizar a modo de vestido para cubrir las piernas.


Hay una hermosa terraza desde donde se divisan bellísimas vistas del siempre tranquilo mar Egeo, por donde, ni siquiera, se ven embarcaciones. Todo es silencio, solo el rumor del mar y las gaviotas son protagonistas. Desde las ventanas también se divisa el mismo espectáculo. Los monjes comparten con las visitas sus licores y los típicos dulces elaborados por ellos. Una pequeña huerta les provee de hortalizas. Las gallinas picotean y los gatos toman el sol indiferentes.


La isla de Amorgós tiene una superficie de 131 km2 y cuenta con 360 capillas bizantinas lo que demuestra el fervor de estas gentes sencillas que viven de sus propios recursos. Desde hace diez años se ha empezado a conocer y a visitar gracias a la iniciativa de Irene Giannakopulos, una mujer emprendedora que ha sabido impulsar la isla mediante un complejo turístico al que llegan viajeros de todo el mundo.






23 de febrero de 2009

El Bosque de Valorio y el Duero










Zamora muestra su bosque de Valorio y su río, crecidas sus aguas por las recientes lluvias.

18 de febrero de 2009

ARCO MADRID 2009











Coleccionistas, galeristas, artistas y profesionales del arte de todo el mundo se han dado cita en Madrid, para celebrar la gran feria internacional de ARCO, ocupando los pabellones 6, 8 y 10 del parque ferial IFEMA.

La feria se ha enmarcado en una línea de moderación y serenidad apostando por dar cabida a las nuevas ideas y filosofías de los grandes creadores.

Doscientas treinta y ocho galerìas para acoger a treinta y dos países, donde han cobrado especial relieve la presencia de los tres grandes mercados artísticos: Nueva York Londres y Alemania, además de China, Brasil e India, como país invitado. Estos han sido los ejes principales y de mayor efervescencia en la actualidad.

La crisis económica que asola a la globalidad no ha hecho gran mella en ARCO, a decir de los expertos, ya que los grandes inversionistas, ante la caída de la construcción, distraen sus caudales en lo que los creadores ofrecen. El mercado del arte va mucho más allá del coleccionismo de las grandes obras maestras, lo que hizo furor en otros tiempos. Hoy se adquieren productos, no importa cuáles, con nombres propios, de renombre y fama internacional. Se seleccionan las galerías donde acogen a éstos y se negocia.

Pese a esa faceta tan prosaica, los artistas actúan de testigos impertinentes para advertir al mundo que no ha acertado demasiado en su filosofía de vida.

http://www.porelcaminoverde.blogspot.com/