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21 de febrero de 2013
10 de noviembre de 2012
24 de septiembre de 2012
8 de julio de 2012
Siria, entre la belleza y el caos
Teatro de Bsra
Palmira, la Gran Columnata
Las mil y una noche
El Tetrápilo
Vista de Damasco
Era viernes en Damasco, día de descanso. Las familias se reunían para beber te, conversar, estar juntas. El autobús nos condujo, a través de una destartalada carretera hasta la cima de un monte. Aquello era una fiesta que se prolongaba desde la misma cima del monte, continuando por ambos arcenes de la carretera hasta concluir en la propia ciudad. Millares de personas celebrando su día de descanso. Los coches aparcados sin orden ni control, mujeres, hombres y niños, sentados en sillas, en el suelo o en pie, disfrutaban de su mutua compañía. No importaba ni el incesante tráfico que circulaba en las dos direcciones ni la gente que se cruzaba de un lado a otro de la carretera. Los automovilistas circulaban con cuidado para no atropellar a nadie. Un caos perfectamente organizado al que los sirios están acostumbrados. Como lo están al deambular por sus calles principales y de pronto, una barra de hierro clavada en la pared puede introducirse en el costado, en el rostro, en una pierna. Como están acostumbrados a caminar entre baches, salvando baldosas sueltas, piedras, un cajón abandonado. Por las calles principales de Damasco se puede sorprender el turista ante un escaparate de ropa interior femenina, atrevidísima, mientras un grupo de mujeres, cubiertas de negro de pies a cabeza miran interesadas y curiosas, apuntando con la mano la ropa interior. Pesadísimas y costosas, pulseras de oro adornan sus muñecas. Nos dijeron que las mujeres sirias son discretas en la calle y atrevidas en casa, para sus hombres.
Palmira, la Gran Columnata
Las mil y una noche
El Tetrápilo
Vista de Damasco
Fue hace siete años, en 2005, cuando visité Siria con motivo del Congreso Internacional de FEPET Federación Española de Periodistas y Escritores de Turismo. Nuestro recorrido por el país fue amplio. Visitamos ciudades como Damasco, Malula, Alepo, Homs, Hama, Lataquia, Tartus, Palmira, entre otras. Lugares tan emblemáticos como el Castillo de Saladino, el Castillo de Márqab, el conjunto arqueológico de Ugarit, el Crac de loa Caballeros y otros muchos sitios, todos fascinantes que todavía permanecen en el recuerdo.
La visita a Siria nos permitió abarcar los horizontes de toda la actividad humana que a lo largo de los siglos, sus diferentes civilizaciones fueron dejando. Una lista interminable de particular sonoridad que nos habla de sumerios, amorreos, acadios, hititas, egipcios, hurritas, asirios, cananeos, fenicios, arameos, persas, griegos seleúcidas y Ptolomeos, romanos, bizantinos y árabes nabateoss y gasssaníes, hasta la llegada del Islam y sus sucesivas dinastías musulmanas. Demasiadas emociones y demasiadas visiones para asumirlas en un solo viaje
En 2005 fuimos testigos de una revuelta callejera en el centro de Damasco, oponiéndose ya a su presidente Bashar al-Assad, pero nada hacía presagiar que aquél puntual incidente iba a traer las consecuencias que hoy sufre el pueblo sirio. Pese a que la prensa internacional se hace eco de las matanzas continuadas contra la población civil, no parece que se tomen medidas efectivas para sacar a los sirios de este callejón sin salida. Mientras tanto, el turismo, que crecía año tras año, ha desaparecido y Siria ha dejado de ofrecerse como lugar de interés aunque siga interesando su historia, su arte, su cultura y muchos de los que visitamos el país lo recordemos con emoción.
Damasco está considerada como la ciudad más antigua del mundo y el alfabeto representado en una de las tablillas de Ugarit constituye el primero de la historia. Estamos, por tanto, en el país donde nacieron las primeras religiones y el más antiguo patrimonio lingüístico.
Era viernes en Damasco, día de descanso. Las familias se reunían para beber te, conversar, estar juntas. El autobús nos condujo, a través de una destartalada carretera hasta la cima de un monte. Aquello era una fiesta que se prolongaba desde la misma cima del monte, continuando por ambos arcenes de la carretera hasta concluir en la propia ciudad. Millares de personas celebrando su día de descanso. Los coches aparcados sin orden ni control, mujeres, hombres y niños, sentados en sillas, en el suelo o en pie, disfrutaban de su mutua compañía. No importaba ni el incesante tráfico que circulaba en las dos direcciones ni la gente que se cruzaba de un lado a otro de la carretera. Los automovilistas circulaban con cuidado para no atropellar a nadie. Un caos perfectamente organizado al que los sirios están acostumbrados. Como lo están al deambular por sus calles principales y de pronto, una barra de hierro clavada en la pared puede introducirse en el costado, en el rostro, en una pierna. Como están acostumbrados a caminar entre baches, salvando baldosas sueltas, piedras, un cajón abandonado. Por las calles principales de Damasco se puede sorprender el turista ante un escaparate de ropa interior femenina, atrevidísima, mientras un grupo de mujeres, cubiertas de negro de pies a cabeza miran interesadas y curiosas, apuntando con la mano la ropa interior. Pesadísimas y costosas, pulseras de oro adornan sus muñecas. Nos dijeron que las mujeres sirias son discretas en la calle y atrevidas en casa, para sus hombres.
En el desierto de Palmira se puede degustar, en un campamento beduino, el mejor cordero del mundo, completamente desgrasado. Allí pudimos comprobar con qué minuciosidad se va despojando la grasa de la carne, una vez asada, con los dedos enfundados en guantes de latex, trocito a trocito. Tras la exquisita cena, el fuego se hace protagonista en medio de la noche y la luna llena, mientras todos bailan al son de la música que no cesa.
Son muchas las maravillas que el viajero encuentra en Siria. Las Torres Tumbas, casi tan impresionantes como las Pirámides de Egipto, El teatro de Bosra, el Sarcófago de Rastán, las famosas Norias de Hama, el Crac de los Caballeros, esa imponente fortaleza edificada por los cruzados en su intento de dominar las llanuras de la Beqá, esa tierra libanesa donde se cultivan excelentes vinos, envidia del mundo. El emplazamiento de esta fortaleza, en la cima de un volcán la hace sobresalir entre campos de un verdor sorprendente.
Pero también existe una vida cultural en la que el teatro, la música, el cine o la danza se combinan con el Festival del Algodón o el de la Flor, la equitación, las artes marciales. Todo cabe en este país de ensueño, ahora atribulado por el terror.
Este breve recorrido por Siria es un pequeño esbozo de lo que el viajero puede encontrarse. Desde aquí, mi deseo para que todo vuelva a la normalidad. Pronto.
11 de junio de 2012
El Cabo Espichel
Sumido en la niebla o deslumbrante por el sol, el Cabo Espichel emerge ante los ojos como una aparición fantasmagórica. Portugal acostumbra a sorprender al viajero a cada paso, por cualquier rincón, de norte a sur y de este a oeste. Parece que el arte y el misterio se adueñó de su geografía y todo lo que se experimenta en su suelo es arte que se desparrama en paisajes y en naturaleza, en iglesias barrocas y en mosaicos que se empeñan en cubrir frisos, paredes, retablos, altares...
Dicen que fue el Rey Manuel de Portugal que un día visitó Talavera de la Reina y se quedó prendado por la decoración de los mosaicos. Dicen que le gustó tanto esa forma de decorar que se llevó a Portugar a unos cuantos artistas para que decoraran su Palacio de verano en Sintra. A partir de ese momento el estilo manuelino se extendió por todo el territorio portugués y los ojos se bañan y se empañan de azul y blanco hasta convertir la mirada en mosaico celestial.
He vuelto otra vez al Cabo Espichel. Lo conocí a través de mi buen amigo Carlos Sargedas que se enamoró perdidamente del lugar y su enamoramiento, contagioso, ha hecho que muchos nos hayamos enamorado también de ese lugar mágico, ahora silencioso y sin vida pero con una carga vivencial que evoca tiempos cuando sus puertas y ventanas se abrían para recibir a las diferentes cofradías que lo frecuentaban. No es difícil imaginar ese santuario mariano, cuando seiscientos años atrás, a mediados del siglo XIV, se construía una ermita para guardar la imagen de una virgen que fue encontrada, justamente en la cima de la descomunal roca. Así fueron creciendo modestas viviendas que recibían a los peregrinos. Más adelante se fueron construyendo hospederías, pequeñas tiendas donde se vendían recuerdos del lugar y alimentos.
El Cabo Espichel se halla situado en la costa atlántica portuguesa, al oeste de la ciudad de Sesimbra. El cabo es el punto más meridional de la desembocadura del río Tajo. Muchos viajeros, ávidos de nuevas emociones, son atraídos allí debido a las impresionantes vistas que se contemplan desde sus acantilados hacia el océano Atlántico.
Sobre las rocas que rodean el santuario, se aprecian huellas fosilizadas de dinosaurios.
16 de mayo de 2012
EL PALACIO DE LA ALJAFERIA
La última Exposición Universal de Zaragoza ha dado a la ciudad nuevos perfiles que la transforman y modernizan lo que hace que los zaragozanos sientan legítimo orgullo de tener una de las ciudades más bellas de España. El tren de alta velocidad también ha supuesto para la ciudad aragonesa un flujo constante de viajeros que, día a día, la hacen cosmopolita y atrayente.
Pero si algo atrae y subyuga al viajero es su Palacio de la Aljafería, un edificio que nos transporta a pretéritas épocas cuando España estuvo dominada por los árabes y éstos construían los más importantes edificios de arquitectura musulmana.
Este Palacio fortificado fue construido en Zaragoza en el siglo XI siendo residencia de los reyes hudíes. Lo mandó construir Al-Muqtadir como residencia de los reyes hudíes de Saraqusta. Era palacio de recreo y se llamaba Palacio de la Alegría, "Qasr al -Surur", reflejando toda la belleza del reino taifa en el periodo de mayor esplendor. Su importante diseño es el mejor testimonio de la arquitectura íslámica junto a la Mezquita de Córdoba y la Alhambra de Granada, conformando tan singular triada.
En sus orígenes, el Palacio se construyó extramuros de la muralla romana, lugar donde los musulmanes practicaban sus alardes militares. A través de los años, por mor de la expansión urbana, el edificio ha quedado ubicado dentro de la propia ciudad. Hoy es sede de las Cortes de Aragón y en él conviven el funcionariado y la natural complejidad de su funcionamiento con los miles de turistas que lo visitan diariamente.
Introducirse por las filigranas de su estructura es pasear por la historia de un tiempo remoto cuando España era ejemplo de convivencia de culturas tan dispares. Este Palacio de la Alegría, denominado así por su propio rey, fue el principal receptor de los emotivos versos que el monarca le dedicó. El eco fue el encargado de transportarlo a través de sus estancias.
"¡Oh Palacio de la Alegría!, ¡Oh Salón Dorado!
Gracias a vosotros llegué al colmo de mis deseos.
Y aunque en mi reino no tuviera otra cosa,
para mí sois todo lo que pudiera anhelar."
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