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12 de agosto de 2008

Embalse de Ricobayo





































Entre orillas majestuosas hechas de granito y pizarra, el río Esla se ha converetido en lugar preferido, no sólo por sus lugareños sino por ciudadanos de toda Castilla y León y Madrid que acuden, a diario, a solazarse y disfrutar de unas aguas limpias y transparentes, donde se puede ralizar cualquier deporte náutico. Si a esto añadimos la gran abundancia de fauna piscícola: bogas, barbos y otras, para disfrute de pescadores, la jornada puede resultar más que satisfactoria.


Mientras se navega por las aguas del embalse de el Esla se van contemplando las caprichosas formas que adoptan las piedras, los empinados pueblecitos de Villaflor o Manzanal con su club de vela, y el lugar exacto donde estaba el famoso templo visigótico del siglo VII, San Pedro de la Nave, el primer templo que se cambió de lugar en Europa. Había que salvarlo de las aguas y el hecho supuso un hito en aquellos años. Ahora se encuentra en la cercana localidad de El Campillo, su emplazamiento definitvo. La presa de Ricobayo se inauguró en el año 29, siendo el Rey Alfonso XIII quién se desplazó hasta el lugar para la inauguración de la citada presa de Ricobayo.



Además de estos atractivos naturales, se ha puesto en funcionamiento un pequeño embarcadero que una empresa privada "Ricobayo natural" explota inteligentemente. Allí se pueden alquilar barcas de remo o pedaleo, lanchas fuera borda y un acogedor catamarán, ideal para grupos de amigos o de familias. La oferta no puede ser más atractiva. Y todos estos alicientes aderezados con la permanente evocación de los recuerdos infantiles, porque, además es mi pueblo.














26 de mayo de 2008

Asturias Occidente














































No se sabe si porque linda con Galicia en su parte más misteriosa, o si porque en su lado más occidental las meigas hacen su acto de presencia cuando menos se espera, el caso es que en este rincón asturiano se combinan la magia y la sabiduría, el buen hacer y el mejor yantar, el paisaje y la bonhomía de sus gentes. Y todo, en conjunción armoniosa para que se mezclen las fuerzas de la naturaleza en todo su esplendor: el aire, el fuego, la tierra el agua, y todo para conquistar al foráneo, para obligar a los ojos a excusarse en agua de sal cantábrica y resbalar hasta alcanzar la despedida del beso al alejarse de estas tierras.
Cangas del Narcea, Luarca, Cudillero, Tapia de Casariego, el río Navia, el Franco, Salas, Fuentes del Narcea, Villalón o Taramundi en la comarca de Oscos-Eo, entre otros, fueron el paisaje donde, por unos días, disfrutamos, dejando la mirada extasiarse sin el menor esfuerzo, porque el paisaje de Asturias se salpica de horizontes múltiples en los que poder soñar.
El occidente asturiano es pionero en Turismo Rural, un lugar de referencia en cualquier foro donde se debate su desarrollo. Arroyos, ríos, puentes, cascadas, iglesias, fuentes, poblaciones que son centros etnográficos, sencillos museos rurales en los que se miman las costumbres más arcaicas, donde se ponen en funcionamiento, ante los asombrados ojos, mazos, molinos, ruedas de afilar junto a hórreos y cabazos. Un batán de madera de roble, cuyos orígenes de remontan a los árabes, golpea las telas con un estruendoso sonido que se confunde con la fuerza del agua al caer, precipitada, en cascada. El telar, dentro de la propia tienda, donde se pueden adquirir a buen precio, una chaqueta de lino o una bufanda hecha a mano e hilada previamente con el huso y la rueca. Todo un ritual, todo un espectàculo.
En Taramundi también se pueden admirar los talleres de "ferreiros" que salpican el concejo y permiten descubrir los secretos de la elaboración manual de navajas y cuchillos. Existen más de una docena de estas fraguas familiares que han ido pasando de padres a hijos y aumentando su produción. Y todo con las mismas técnicas aprendidas de sus ancestros.
Un paseo por la Villa de Cangas nos llevará al Palacio de Justicia y Cárcel o al Chalet de los Solisos, construcción indiana del segundo cuarto del siglo XX, a un puente medieval, al Palacio de los Llanos entre otros muchos edificios importantes. Los tejados rojos, el monte circundante y la pujante vida ciudadana hacen de esta villa, en la actualidad, la cita comercial obligada.
Y Cudillero... foro perfecto para aglutinar al pueblo, ágora pública sin secretos, donde se pueden escuchar los suspiros a media voz, o el sonido de cubiertos sobre el plato mientras la familia almuerza al mediodía o cena al caer la tarde, mientras se contempla el panorama desde Cimadevilla o mientras se toma una ración de mejillones al vapor, degustando la sidra recién escanciada. La mirada sigue a las gaviotas jalearse sobre los tejados o posarse indiferentes junto a la ventana, abierta, para que no se rompa la comunicación del que pasa con el que mora en su interior. Todo es luz y color, todo es agua y todo son aromas y sabores de la gratronomía más rica y más natural.
La Asturias de Occidente le espera pacientemente.





27 de abril de 2008

Luarca, Asturias "ALGO MÁS QUE UN PAISAJE"














Impresiona esta ciudad que se descuelga en imparable descenso hacia el Cantábrico para encontrarse con sus espumosas aguas que parecen abrazarla para que no huya y se aleje para siempre.
Por suerte, Luarca se muestra apacible y recóndita, quieta y remota mientras su historia milenaria habla de luchas y batallas, de hombres que se fueron lejos y volvieron con sus propias experiencias que fueron marcado la vida de generaciones posteriores. La gran aventura española de las Indias puso letras de oro en los nombres de algunos de sus hijos, como Juan y Pablo de Luarca que fueron en la tropa de Hernán Cortés y participaron en la fundación de la ciudad de Guartemala.

En esa tradición de heroísmo, la leyenda y la piedad hacen florecer episodios como el del puente del Beso, que cuenta los amores de una infanzona y un corsario, o del hallazgo de una imagen de Nuestra Señora en la cueva marítima del Focicón, bajo la capilla del Gremio de Mareantes y la fortaleza de la Atalaya, que tantas veces jugó su artillería en las guerras hispano-inglesas desde el siglo XVI.
Pero dejemos la historia de Luarca y gocemos de su fisonomía, de la calidez de sus gentes, de su mar jubiloso, de la luz diurna, de sus sombras y su misterio al caer la tarde, y la tumba de Severo Ochoa nos dice, desde el bellísimo cementerio donde reposa junto a su esposa, que encontró el lugar perfecto, el merecido y el soñado para permanecer. Por siempre.

1 de marzo de 2008

A Manuela Gross






Lo prometido.
Para que recuerdes ese día de pájaros:
en el vertedero,
en la reserva natural de Villafáfila,
en los campanarios de las Iglesias.
Un día de pájaros
y de luz.