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15 de febrero de 2016

Crucero por el Mediterráneo

 La Valleta (Malta)
Nápoles
 Roma
 Túnez
 En Taormina
Una calle de Taormina
Teatro romano, Túnez


El barco zarpó desde Barcelona. Navegamos toda la noche y durante todo el siguiente día hasta llegar a Túnez. Para entonces, gran parte del pasaje nos habíamos conocido. La primera sorpresa es el ambiente familiar pues son muchas las familias que reúnen dos y tres generaciones: abuelos, hijos, nietos. Algunos de estos grupos reunían veinte o más miembros para celebrar bodas de oro, cumpleaños o, simplemente, reuniones en alta mar por el placer de viajar. Algunas parejas de recién casados son también protagonistas del pasaje.

Primer desembarque en Túnez, un lugar que fue dominado por los fenicios antes que por los romanos. Cartago, piedra sobre piedra, ruinas milenarias, muestran algunos recuerdos de gran calado como el anfiteatro, El Djem, el mejor conservado del mundo.
La mirada se desliza por los inteligentes sistemas de regadío romanos, todavía en uso. Los paseos por la empinada ciudad ofrecen la belleza del contraste del blanco y el azul: cielo, mar, puertas y ventanas azules resaltan sobre el encalado de las paredes de las casas tunecinas. En los cafetines, dispersos sobre las terrazas del terreno, se llenan de aromas de las pipas de agua. El milenario zoco recuerda a tantos otros zocos del vecino Mediterráneo. Túnez fue un importante destino turístico. Ahora sufre los lances del terrorismo islamista...

El barco hace su segunda escala en Malta, un país de 316 kilómetros cuadrados hecho de piedra caliza blanca, donde los antiguos habitantes abrieron cavernas para cobijarse. Hoy, todavía, se extraen piedras de sus canteras para completar la configuración de su construcción llena de belleza y armonía. La cultura megalítica en la Edad del Bronce, dejó numerosos templos que no tienen precedentes en el Mediterráneo. La Valletta nos cobijó hasta las ocho de la tarde, hora en que partía el barco rumbo a Messina en la isla de Sicilia. La navegación nocturna y la imaginación nos llevan a las películas italianas en las que se veían a las familias sicilianas que se amaban y odiaban al mismo tiempo. Rencillas que se resolvían en entierros, también en bodas o en bautizos. Encuentros y desencuentros, al fin.

Tras un recorrido de cuarenta minutos en tren, se llega a la bella y romántica ciudad de Taormina que está situada sobre el nivel del mar a más de 200 metros. Con algo más de diez mil habitantes, Taormina se muestra a los turistas sin pudor. Se encuentra en el límite de la provincia de Catania y se extiende por el monte Tauro, un balcón sobre el mar y frente al volcán Etna. Su nombre viene del griego, Tauromenion.

Tiene un centro turístico muy importante ya que el refinamiento por el arte italiano
está presente en las fachadas de los edificios, en los escaparates donde se exhiben los más exquisitos elementos que se aprecian en los mínimos detalles. Pero la mirada se distrae hacia la escarpada costa donde se exhiben las más bellas mansiones –algunas de los capos más famosos- .También se ven algunas construcciones semiderruidas que demuestran que la mafia siciliana es tan añeja como la propia isla. Nos dicen que en Sicilia no se puede pronunciar nunca la frese “no existe”. Trae mala suerte. No supimos descifrarlo.

Un clima templado confiere  a Taormina  una exuberante vegetación floral que explota en balcones, ventanas, escaparates. Todo es colorista y primaveral.

Mientras recorríamos el teatro de Taormina, también conocido como Teatro griego o greco-romano  nos sorprendió  un violento aguacero que hizo que corriéramos a refugiarnos en el foso. La situación privilegiada del teatro  permite contemplar la localidad de Giardini-Naxos y el volcán Etna.

Aunque el teatro se construyó en época helenística, se reconstruyó en tiempos de la dominación romana. Lo utilizaban para la lucha de gladiadores.

Nuestro próximo destino Nápoles y nuestra primera visita a la ciudad de Pompeya y descubrir cómo vivían los primeros moradores: cómo se organizaban, cómo comerciaban los pompeyanos hace más de mil quinientos años. Muchas inscripciones talladas en las piedras nos descubren palabras que utilizamos en nuestra actual lengua. Muchas relacionadas con el sexo o la prostitución.

Más tarde nos dirigimos, en otra embarcación, a la isla de Capri, pero  antes, desde un funicular, pudimos extasiarnos al mirar la costa de Sorrento izada sobre un bellísimo promontorio rocoso que nos hizo comprender el motivo por el que Capri es elegida por tantos italianos y tantos europeos llegados de lugares más fríos. La bonanza del clima, la vegetación, la belleza, en suma, de toda la isla, además de la riqueza arqueológica de ruinas griegas y romanas completan la feliz estancia de los que allí arriban. La hora del almuerzo al borde del mar para degustar los exquisitos platos italianos a base de espaguetis y lasañas. A un lado los famosos “fararlionis” tantas veces fotografiados, al otro la “Grotta Azzurra”. Por encima de nuestras cabezas la pequeña iglesia de San Andrea, invitaba a la oración y al silencio.

El barco se alejaba de Nápoles mientras algunas de sus cúpulas se iban perfilando en el horizonte. El sol enrojecido descubre una bellísima puesta de sol y el jacuzzi, en cubierta, funcionando a todo rendimiento. Por la noche, la penúltima cena. De gala y acompañados del Capitán. Los platos, como siempre, exquisitos, de primerísima calidad e impecable elaboración.

Por fin, la Ciudad Eterna, Roma, último destino de nuestro periplo marítimo. Al llegar a la estación de Civitavecchia, mientras esperábamos al tren, más de doscientos soldados, perfectamente uniformados, atravesaban el hall de la estación. Eran tan jóvenes que apenas les había crecido la barba. Los trajes de camuflaje, los cascos y los fusiles nos indicaron que les esperaban misiones imposibles.

La Plaza de San Pedro, por fin. Una inmensa tarima de madera estaba preparada para acoger a miles de fieles que querían estar presentes para asistir a los actos religiosos de Su Santidad. Era Viernes Santo. En el interior del Vaticano, siete kilómetros de galerías nos conducían inmersos y extasiados ante la contemplación de tanto arte para desembocar en la  Capilla Sixtina de Miguel Ángel. Indescriptible el momento. No se concibe tal profusión de belleza. Al salir, un hermoso jardín nos volvió a la realidad. Un vigilante nos señaló un rótulo donde se veían figuras en posición horizontal atravesadas por una tachadura. Sentarse sin tumbarse, ésa era la cuestión. En mi retina se confundían el Apolo de Velvedere, el Laocoonte, el Torso de Hércules…Las pinturas, las figuras, los más maravillosos objetos de porcelana o bronce hacen sentir un síndrome del arte difícil de definir.

Tras dos jornadas de navegación donde hubo tiempo para las despedidas y el intercambio de tarjetas llegamos a Barcelona. Atrás quedaban ya los gratos momentos del desayuno entre nuevos amigos donde un suculento bufet invitaba a llenar nuestros platos de los más diversos manjares. Atrás quedaron las conversaciones con los compañeros de mesa: los amigos de Valencia, de Madrid, de Vigo o de Sevilla. Atrás quedaron las noches de baile y atracciones, de juegos y de magia.

Un crucero es siempre recomendable: por el Mediterráneo, por las Islas griegas, por los Países Bálticos, por los Países Escandinavos….un crucero garantiza lo que cualquier viajero anhela para sus vacaciones porque nunca se verá decepcionado.




7 de noviembre de 2015

GOSLAR, EN LA BAJA SAJONIA ALEMANA











Goslar, Alemania, es la antigua capital imperial, a camino entre Hannover y Leipizig. Situada al pie del macizo de Harz, fue famosa por sus minas de plata y cobre, las que dieron vida y riqueza a la ciudad hasta bien entrado el siglo XX. Goslar pertenece a la Baja Sajonia y la cruza el río Gose. Sus minas fueron declaradas Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1.992.

La ciudad de Goslar está  rodeada de bosques jardines y la protegen murallas flanqueadas por torres. Destaca la plaza del mercado que se caracteriza por una fuente con pilas superpuestas y que se remonta a la época imperial. Sus calles y callejones estrechos y perfectamente conservados constituyen una visión medieval de gran belleza característica de los siglos XV y XVI y que vamos apreciando a medida que recorremos sus calles empedradas, los pequeños canales y las casas con entramados de madera que se conservan exactamente igual desde hace más de quinientos años.

Llaman la atención, a nuestro paso, algunos edificios como el castillo, del siglo XI, el Ayuntamiento del XV, el hotel Kaiserworth abierto desde 1494, lo que lo convierte en uno de los hoteles más antiguos del mundo, o el hospicio de St. Anne, activo desde 1498. Y así, vamos descubriendo iglesias,  exquisitos rincones que captan inmediatamente la atención del viajero como la Capilla de San Ulrico.


Pero no sólo el pueblo es histórico. Muy próximo se encuentran las minas de Rammelsberg, que estuvieron en funcionamiento durante más de 1000 años hasta su cierre en 1988. En 1992, las minas  fueron declaradas Patrimonio de la Humanidad, y es cuando se inicia la reconversión en una atracción turística y hoy en día constituyen una visita muy interesante, ya que se pueden ver réplicas de las herramientas y mecanismos utilizados para extraer el mineral a lo largo de los siglos.

La actividad de estas minas comienza en el siglo X y no culminaría hasta  1988. A principios del siglo XI, el emperador Enrique II, atraído por la riqueza de la zona manda construir el palacio al pie del Rammelsberg desarrollándose la actividad de la ciudad en torno a este palacio donde se van construyendo iglesias, capillas y fuentes que van  configurando el aspecto de la ciudad hasta llegar a ser la sede de la principal residencia del Sacro Imperio Germánico.

El apogeo de Goslar se sitúa en torno a 1450 y siglo y medio después se restaura el ayuntamiento y se reconstruyen fortificaciones y diferentes casas con el típico entramado de madera. En 1552 el ducado de Brunswick se apodera de Rammelsberg hasta que las minas pasan a Prusia en 1886.

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En la actualidad, Goslar es una ciudad donde acoge un turismo de élite que gusta de apreciar una arquitectura un tanto ecléctica, donde el  románico, el gótico, el renacentista o el barroco confieren armonía y originalidad al conjunto que se nos muestra como un museo al aire libre.

Goslar recibe un turismo de élite que disfruta recorriendo tanto sus calles como los alrededores, bellísimos y pintorescos. Existen restaurantes de gran tipismo donde se sirven los más exquisitos platos de la rica gastronomía alemana, así como de los excelentes vinos y cervezas sin olvidarnos de una repostería muy variada. En Goslar, como en toda Alemania se sirven variedad de licores artesanales realizados con cerezas, ciruelas y un sinfín de  frutos de temperada.

La ciudad cuenta con unos 40.000 habitantes, y éstos, al igual que el resto de los alemanes son los primeros en proteger, mimar, conservar y cuidar su rico patrimonio del que se sienten orgullosos.  


31 de enero de 2014

Vicenza en el Véneto (ITALIA)

Basílica Palladiana

 Villa Capra

 Villa Cordellina
Villa Balmarana
 José Luís Pecker y Matilde, entrañables amigos, desaparecidos, posando en el centro de Vicenza
Ana y Silvia



Llegamos a      Vicenza cuando caía la tarde y el sol doraba villas y palacios. Una sensación, casi mágica, envolvía el ambiente ambarino del atardecer mientras las hermosas columnas dóricas, jónicas o corintias que embellecen muchas de las fachadas de los edificios, alargaban su sombra en un intento de prolongar la luz solar que se extinguía por momentos.

La misma calma que envolvía a la ciudad parecían tener los transeúntes que caminaban por las calles en aquella hora crepuscular. Un cúmulo de perfección, orden, armonía y belleza imprimía carácter a la ciudad.

Y fue Vicenza, en la región del Veneto,  la primera ciudad que me descubrió Italia hace ya algunos años en mi primer Congreso de FEPET y allí me percaté de que esta ciudad es diferente a otras ciudades italianas mucho más famosas y conocidas y que rompía con todos los tópicos de la vieja Italia, porque en Vicenza todo es mesura y pulcritud, silencio y seriedad, nada que ver con ese bullicio de esas otras ciudades como Roma, Milán, Nápoles o Florencia, atestadas de turismo por doquier.

Decían los griegos que la armonía es la medida de todas las cosas y la armonía ha de interpretarse como paradigma de belleza. Y fueron, precisamente, los griegos, con su arte y su filosofía, los que influyeron para siempre en el ánimo del joven  arquitecto Andrea Palladio quien, bajo el mando del Conde Trissino, fue el encargado de diseñar la arquitectura de las villas y edificios palladianos, todos ellos Patrimonio de la Humanidad para orgullo de los vicentinos en particular y de los italianos en general.

En Vicenza fue donde se inició este gran arquitecto como profesional y en la mejor e inspirada época de su vida cuando todavía estaban muy presentes en él toda la filosofía de la Grecia Clásica cuando la veneración por la perfección y la armonía convertía en máxima cualquier intento creativo y perdurable a través de los siglos. Desde hace 400 años el arte de Paladio se plasmó en la provincia de Vicenza, en el mismo “Cuore del Véneto” y desde entonces arquitectos de todo el mundo han viajado a Vicenza para contemplar esa armonía de líneas y de formas que confiere a todas las villas vicentinas que se encuentran repartidas por el Véneto.

La Basílica Palladiana en el centro de Vicenza, es el punto de encuentro y lugar de representaciones populares. El Teatro Olímpico, maravilla del mundo, roza el límite de la sublime perfección. Las bellísimas Villa Trissino Tettenero, Villa Caldogno, Villa Valmarana entre  otras, conforman una sinfonía arquitectónica que hace, en su conjunto, un lujo que se extiende y embellece tanto en la campiña como en la ciudad. Una visión inenarrable que trasciende la natural contemplación. Todo ello es, solamente, una pequeña muestra de toda la arquitectura que se puede encontrar y admirar en esta provincia privilegiada que disfruta de un envidiable nivel de vida al que aspira toda Italia, al “Modelo Véneto”.

Muchas de estas villas palladianas que, otrora fueran residencias veraniegas de antiguos nobles y aristócratas, en la actualidad, abren sus puertas y se ofrecen generosamente en las noches de estío o en las espléndidas primaveras cuando los cerezos adornan con su encaje blanco la campiña para ofrecer espectaculares “conccerti in villa” donde los violines o las trompetas, junto a los demás instrumentos, interpretan a Mozart, Hendel, Brahms, Tchaikovsky  y otros compositores,  para deleite de los espectadores. Un ambiente donde la luna, las estrellas, los cerezos y el ánimo de los asistentes hacen el resto.

Pero no sólo es el arte, la música o el ambiente lo que más atrae de Vicenza. Es también su industria que se traduce en excelentes productos de primera calidad como son los muebles, los tejidos, la metalurgia ligera o pesada, la orfebrería.

El sector agroalimentario podría calificarse de exuberante, tal es la variedad que se ofrece a los ojos  y al paladar. Desde las ya citadas cerezas marosticanas, extraordinarias, los espárragos blancos, deliciosos, cocinados de las mil maneras posibles, el orujo o las famosas grapas, los vinos en general, los quesos, envidiados en toda Italia, hasta las fritadas de pescados y mariscos, el bacalao, las multicolores pastas, sencillas y diferentes, todo ello, es solamente una parte de lo mucho que ofrece este sector y que sería imposible de relacionar aquí.

Y también merece un destacado lugar el sector textil que ocupa un privilegiado lugar en la confección porque, no en vano, en Vicenza se fabrican todas las prendas de los más afamados diseñadores europeos que triunfan en los mercados internacionales. La saneada economía de Vicenza no lo es por casualidad, sino por un compendio de actividades que se cuidan con rigor y profesionalidad. La artesanía es un buen ejemplo de ello y se tiene muy presente a la hora de sacar cualquier pieza al mercado. La belleza es una constante en Italia y el Véneto un lujoso escaparate. Hay que reconocer  la “vena” artística del italiano porque ni la improvisación ni el azar tienen nada que hacer en la forma de trabajar de estos artesanos de lujo.

Vivir para soñar en el Véneto.