28 de abril de 2017

ANTEQUERA, MÁLAGA, ESPAÑA, PARA DISFRUTARLA PASO A PASO








Corría el año 1410 cuando el rey Fernando conquistó Antequera, momento en que empezó a adquirir relevancia, tanta, que Antequera llegó a ser la novena ciudad de España en extensión.  Tal vez, por esta circunstancia y porque según la tradición oral que corre de boca en boca como la falsa moneda, Antequera debió ser tan señera e importante que hasta Ronda le pertenecía. O si no, atiendan a lo que sigue a continuación:

“Yo nací en Ronda, en la ciudad de Antequera, y en el sagrado bautismo me pusieron Espinela…”

Esta frase forma parte de una historia, muy extensa, que mi madre me contó y que a ella se la contó su abuela y a ésta la suya, hasta llegar a mis oídos siguiendo la tradición oral de la boca de mi madre. Siempre me llamó la atención que, en algún punto lejano de la historia, cuando se repartían los territorios, que estas dos ciudades hubieran tenido lazos de pertenencia, siendo como lo son, ahora, independientes la una de la otra.

Siempre me llamó la atención este dato, como digo y sobre todo la historia que se cuenta sobre la malvada y pérfida Espinela. Lo cierto es que tras mi reciente estancia en Antequera, no hubo ocasión para conocer este dato y me fui de allí sin averiguarlo. Espero dedicar a ello el tiempo necesario para otra ocasión..

Hemos conocido  Los Dólmenes y  El Torcal, y nos hemos quedado prendados con la historia de la Peña de los Enamorados. Ahora toca poner los pies en el suelo y caminar por esta ciudad de Antequera, situada justo en el centro de Andalucía y a la que se puede llegar en poco tiempo por autovía y por tren de Alta Velocidad. Antequera tiene las ciudades más importantes de Andalucía, la más lejana, a poco más de una hora: Málaga a 45 Km. Córdoba a 115, Granada a 100, Sevilla 160. Esta distancia permite un flujo constante de andaluces que van y vienen, conviven y se relacionan constantemente.

La primera impresión que produce esta ciudad es de tranquilidad en sus bien trazadas y cuidadas calles donde la limpieza es absoluta.  Coincidió con nuestra visita una demostración para estudiantes en la plaza de toros. Mientras caminábamos, diferentes grupos de escolares iban apareciendo, por las diferentes calles de la ciudad, en fila, niños y niñas de la mano de sus maestros en dirección a la plaza. Una mañana radiante de juventud en las calles que contrastaba con lo desiertas que se nos mostraban por la tarde, apenas sin viandantes callejeros.  A nuestro paso iban surgiendo fachadas de importantes edificios de diferentes épocas y estilos, conventos, palacetes e iglesias. Las iglesias en Antequera son de un gran valor arquitectónico e histórico. Destacan por ejemplo, la Real Colegiata de Santa María la Mayor, con una bellísima fachada renacentista, obra de Diego de Siloé y Diego Vergara, donde se congregaron los mejores poetas de los siglos XVI y XVII en torno a la Cátedra de Gramática.  Otras iglesias renacentistas son la de San Sebastián, la de San Juan Bautista o la de San Pedro. En todas ellas se conservan interesantes obras de arte como un baldaquino bellísimo en la iglesia de San Pedro.
Hay que destacar también los numerosos conventos como el de Los Capuchinos, Santo Domingo, San Juan de Dios o San Agustín. Monumentos todos de gran valor arquitectónico que embellecen la ciudad y que le proporcionan un añadido interés histórico.  Precisamente, el Real Monasterio de San Zoilo tiene un gran protagonismo al haber sido cedidos sus terrenos a los franciscanos en 1500 por Real Cédula de los Reyes Católicos. Su estilo pertenece al gótico tardío. En la actualidad está ubicada la Biblioteca Municipal.

Además del arte monumental y religioso, Antequera cuenta con importantes museos como el Museo de la Ciudad de Antequera donde se exhiben espectaculares obras como el Efebo en bronce del S I a.d C. Un San Francisco de Asís en madera tallada policromada, obra de Pedro de Mena. Una Inmaculada de Antonio Van de Pere, en óleo sobre lienzo y otra pintura bellísima titulada Peña de los Enamorados donde se ven a los dos jóvenes al borde de la roca a punto de despeñarse. Esta obra el de 1885. Hay otras muchas maravillas que se pueden admirar en este museo.

Destaca el Museo del aceite, formado por tres salas donde se pueden ver diferentes molinos de diferentes épocas entre otros que van del siglo XVII al XX, todos en perfecto estado

La Casa Museo de los Colarte, de principios del siglo XVIII, en cuyo interior encontramos unas escaleras muy destacables, situadas en el zaguán. Las esculturas, algunas de ébano, plata o marfil,  y otras obras religiosas de temática costumbrista y mitológica.

Y no podemos  pasar por alto la Semana Santa antequerana, muy arraigada en la ciudadanía y que posee características muy singulares que la distinguen de otras ciudades andaluzas, como son el estilo de los tronos, las figuras del hermanaco y del campanillero de lujo, el amarre de las almohadillas y la costumbre, que sorprende siempre, a propios y extraños el “correr la vega” que ha recibido el distintivo como Fiesta de singularidad turística Provincial. Sin la entrega, el entusiasmo y la capacidad de trabajo de los miembros de esta cofradía no sería posible conservar estas tradiciones tan entrañables.

Hay otras muchas procesiones y celebraciones a lo largo del año con motivo de los santos patronos: El Señor de la Salud y de las Aguas, Nuestra Señora de los Remedios y Santa Eufemia.

Y todavía restan otras celebraciones de carácter agrícola ganadera que se celebran en Mayo y Agosto.

Para terminar, se puede decir que la gastronomía de Antequera está a la altura de los grandes chefs, excelentes cocineros que se esmeran en la elaboración  del guisado de patas, gazpachuelo, pío, chivo a la pastoril o conejo a la cazadora. Son famosos los molletes, un panecillo delicioso que nadie se va de Antequera sin probarlo y sin llevárselo. Los dulces complacen al más exigente. Supimos, cómo no, del bienmesabe, del angelorum o los pestiños. Un placer para el paladar. Y supimos también de la amabilidad y cariño de sus gentes, de los guías que nos acompañaron y con tanta profesionalidad nos ilustraron.

Con mucho gusto volveré a Antequera.


9 de abril de 2017

Los dólmenes de Antequera y la Princesa Tazgona








Aunque todavía haya muchos españoles que no conozcan Antequera, estoy segura de que en alguna ocasión habrán oído pronunciar la famosa frase “Que salga el sol por Antequera y que sea lo que Dios quiera”.


Puedo decir que yo soy una de esos españoles que no había estado nunca en Antequera aunque sí sabía de la frase e incluso la había utilizado alguna vez para salir de alguna situación comprometida. Hoy, Antequera está ya en mi retina, en mis recuerdos y en mi sentir. En mi cabeza se disputan protagonismo, la Peña de los Enamorados, el Torcal, los Dólmenes, la Alcazaba y la bella  Tazgona, princesa árabe que “nos contó”, allí mismo en la Alcazaba, frente a la Peña de los Enamorados,  como se había prendado de Tello, un caballero cristiano y cómo, ante la imposibilidad de llevar a cabo su gran amor,  tuvieron que renunciar a  él  arrojándose al vacío abrazados desde lo alto de la Peña. Leyenda… realidad… qué importa. Es una  bella historia de amor ocurrida en la época medieval que ha corrido de boca en boca, de generación en generación  y que, contemplando los lugares donde ocurrió  nos transporta a otras épocas cuando la ciudad de Antequera estuvo ligada al municipio romano de Anticaria que nos lleva a 2000 y 2500 años atrás, incluso algunos apuntan a 4000 dados los restos encontrados. Y esta bella historia de amor está relacionada, precisamente, con los dólmenes de Antequera, principales testigos de esta época, como son los dólmenes de Menga y Viera, el Romeral y la Necrópolis de Alcaide. Este conjunto se considera el mejor conjunto dolménico de España, siendo el dolmen de Menga su principal exponente del megalitismo peninsular.

Aunque la visita a estos lugares invita a soñar y elucubrar se hace imprescindible dar algunos datos sobre estas espectaculares construcciones que están a la altura de Atapuerca o Altamira. Los Dólmenes de Antequera , junto a otros templos como los encontrados en Irlanda, Carnac en Francia o los Templos de Malta, representan el máximo exponente del legado patrimonial y cultural de las primeras sociedades neolíticas europeas como es el megalitismo.

Dada su importancia, la Unesco, y el Comité del Patrimonio Mundial declaró inscribir el Sitio en la Lista del Patrimonio Mundial al cumplirse todos los requisitos y criterios como bien cultural en serie, adoptando la Declaración de Valor Universal Excepcional. en 2016.

A simple vista, estas estructuras se muestran como paisaje natural, sin embargo se hallan enterradas bajo túmulos de tierra, cuya orientación se basa en la Peña de los Enamorados y el Torcal, monumentos naturales. La manera en la que se planifica su arquitectura es excepcional. Todo ello está en perfecto estado de conservación, tanto la estructura rocosa interior como los túmulos que la recubren.

Los megalitos son las primeras  formas de arquitectura monumental en piedra de la Prehistoria europea. Su función servía como cámaras mortuorias, como templos y como espacio rituales de ceremonias propiciatorias, relacionado casi siempre con la fertilidad, o la memoria de los antepasados.  

Todos estos monumentos tienen una relación visual  perfectamente medida y estudiada que fue descubierta sucesivamente por diferentes investigadores  como Louisa Tenison en 1851, Manuel Gómez Moreno en 1905 . Por su parte,  James Hemp en 1934  publica la primera fotografía de La Peña desde la entrada de Menga que señala la presencia del túmulo en El Romeral. En 2002 Michael Hoskin que ha investigado sobre miles de megalitos pone de relieve la orientación equinoccial de Viera y la terrestre de El Romeral.

Observando estos lugares, de gran impacto visual y que irradian tan fuerte magnetismo, podemos imaginar a aquellos primeros investigadores maravillados ante descubrimientos tan excepcionales, y maravillados también al descubrir el modo en como fueron construidos.  Sin duda, una placer para los estudiosos en cultura megalítica.



29 de septiembre de 2016

VISITA A LA CIUDAD DE TORO DE PERIODISTAS DE CASTILLA Y LEÓN












Varios periodistas de Castilla y León han realizado un recorrido por la ciudad de Toro con un guía de excepción, su alcalde, Tomás del Bien,  que fue explicando cada rincón, cada monumento,  al tiempo que fue desgranando la historia y mostrando  la riqueza patrimonial de esta ciudad que se asoma al Duero y que, en la actualidad,  pasa por un dulce momento de afluencia de público con las Edades del Hombre.  El entusiasmo y el conocimiento de su ciudad son dos características que adornan a este joven alcalde y que quedaron patentes ante las explicaciones pormenorizadas, tanto históricas como arquitectónicas sobre los diferentes monumentos  que visitaron.  El alcalde, historiador de profesión y alumno aplicado, habló a los periodistas de sus proyectos, de los que está acometiendo y de los futuros; todos ellos encaminados a fortalecer los recursos que tiene la ciudad como el del vino pero siempre enfocándolos hacia  la cultura. Iniciativas no le faltan a este Alcalde.

Los periodistas visitaron  el Alcázar, bastión defensivo que marca la fundación de la ciudad como burgo medieval a principios del siglo X. De gran belleza, la fortaleza se encarama  sobre la gran roca, Barranco de la Vega y que ofrece una fantástica vista del río Duero y del amplio paisaje que lo circunda. También visitaron El Hospital de la Cruz o del Obispo, antiguamente casa de enfermos. Es de estilo renacentista y posee  un bello claustro de madera sobre columnas de piedra con bellísimos capiteles, todos ellos diferentes.  Introducirse en cada uno de estos espacios históricos es embeberse de la propia historia de España y Toro, ciudad de realengo, nos muestra el crecimiento sostenido y el protagonismo histórico en estas mansiones señoriales. El Palacio de los Condes de Requena, con triple fachada,  es un ejemplo de ello donde se mezclan los estilos gótico y morisco. Son innumerables los edificios que embellecen las plazas y las calles de Toro.

Muy especial la visita a la Plaza de Toros, cuya reciente restauración le ha devuelto su estética decimonónica  y el esplendor taurino del pasado. Esta plaza, una de las más antiguas de España (1828) ha resistido el paso del tiempo pese a haber estado a punto de derrumbarse en no pocas ocasiones. Por fortuna se acometió a tiempo su restauración para que hoy se nos muestre bellísima y pulcra. Hay una persona dedicada exclusivamente a este fin, a su cuidado,  limpieza y mantenimiento. En ella, no solo se celebran corridas de toros sino también ferias del vino, conciertos y otros espectáculos.  Y en la misma acera, con pared medianera con la plaza,  el emblemático Teatro Latorre, un teatro “a la italiana” de estilo isabelino tardío. Está construido donde estuvo el viejo Corral de Comedias. El techo conserva una bella pintura al óleo con medallones donde aparecen famosos dramaturgos. Precisamente, en el frente se encuentra Shakespeare debido a que Carlos Latorre, al que debe su nombre,  cosechó grandes éxitos al interpretar sus obras.

Toro atrae al viajero por su historia, por su patrimonio y por sus tradiciones. Es famosa la fiesta de la Vendimia que se celebra en estos días cuando la ciudad bulle de gente entre carros engalanados repletos de uvas y paisanos ataviados para la ocasión. La alegría, la música y el ambiente festivo llena la ciudad de Toro.  Como ocurre con los Carnavales, uno de los más importantes de España que se distinguen por la participación de los toresanos, no hay un toresano que no se disfrace y por la imaginación que derrochan al idear sus disfraces, mordaces, sorprendentes y llenos de fantasía para regocijo de los ciudadanos apostados en las calles para ver los desfiles. También las fiestas patronales de San Agustín o los mercados medievales son igualmente participativos y que  proporcionan a la ciudad ambiente y economía. Se dice que los toresanos son únicos para organizar sus fiestas y quien ha tenido la suerte de conocerlas puede dar fe de ello. También Toro atrae al viajero por sus gentes, generosas y hospitalarias,  cómo no.

Los periodistas, remataron  la jornada  visitando la bodega histórica del Ayuntamiento, llena de pasadizos y recovecos que, en otros tiempos, se comunicaban con los cientos de bodegas que existen en la ciudad. Allí mismo se ofreció a los asistentes un vino español, cortesía de la bodega de Ramos y Embutidos Ballesteros.

Desde estas líneas se han esbozado unos breves apuntes para los curiosos pero  nada comparable con lo  que esta ciudad encierra.

El alcalde animó al grupo de periodistas a visitar Toro con motivo de la Noche Blanca del Patrimonio y la fiesta de la Vendimia así como los numerosos actos que con motivo de las Edades del Hombre, ha programado el Ayuntamiento.



23 de septiembre de 2016

Senderismo: Fasgar, Campo de Santiago, Colinas del Campo (León) Spain












"Camino de Santiago de la Montaña", así es como se denomina esta ruta donde vamos a recorrer trece kilómetros por la Sierra de Gistredo entre torrentes de aguas cristalinas, fuentes y exuberante floración que crece entre robles, acebos, abedules o serbales. Este recorrido fue muy popular hasta la publicación del Código Calixtino en siglo XII que dio origen al Camino Francés.

Se inicia el camino en la plaza de Fasgar, sobre el río Gordo que discurre subterráneo. Transcurrirá una hora larga para salvar los tres primeros kilómetros ascendiendo hasta llegar al collado. Mitiga la subida la sombra de la montaña que nos cobija y las fuentes que vamos encontrando por el camino como la Fuente del Abedul, con  tres caños. También veremos versos tallados en las piedras. Por fin, a una altura de 1640 metros llegamos al collado del Campo de Santiago desde donde se contemplas las majestuosas montañas del Bierzo. Comienza la bajada, casi siempre, sobre un suelo pedregoso, en ocasiones difícil e intransitable, hasta  llegar a la ermita tras haber recorrido más de tres kilómetros. Esta ermita se halla situada a 1487 metros de altitud y se nos muestra bella y airosa en medio del paisaje. La etapa siguiente es la bajada hacia Colinas. En este lugar, hubo un tiempo en que los romanos pasaban el oro de un valle a otro. Se divisan varios saltos de agua de gran belleza mientras el bosque nos va acompañando. Por esta zona, algo más escarpada, entre un tupido bosque nos encontramos con humeiros, chopos, cerezos y serbales. La fuente de San Juliano nos ofrece el agua con propiedades curativas.  Por fin llegamosnos a Colinas del Campo de Martín Moro Toledado, el nombre más largo de España. Este pueblecito, declarado conjunto histórico-artístico por la Unesco es de una gran belleza. Las calles empedradas, el agua del río que discurre entre las casas va dejando, a su paso, su sonido característico. La mirada se dirige hace las casas, todas de piedra y tejados de pizarra. Las balconadas de madera repletas de multicolores y bien cuidadas flores. Un imagen bellísima y relajante. Nos llama la atención la ermita con el arco que se empina por encima de la calle. Cuenta la historia que en el siglo X, en el Campo de Sanatiago se libró una fuerte batalla entre las tropas de Ramiro II y las de Almanzor. Las tropas musulmanas iban comandadas por Martín Moro, natural de Toledo, de donde procede el nombre de la localidad.

Esta valle es de origen glaciar  y está rodeado de peñas que superan, en ocasiones, los 2000 metros como el Catoute, Valdeiglesias, donde nace el río Boeza, afluente del Sil.

En el mismo Campo de Santiago existió un hospital para peregrinos llamado Armenia.

17 de septiembre de 2016

MONASTERIO DE MORERUELA (Zamora)








                                       
         “Uno de los primeros monasterios cistercienses edificados en la Península Ibérica.”

Historia
Fue a finales del siglo XI cuando la orden de los cluniacenses estaba en franca decadencia. Por ello, un  abad francés llamado Roberto de Molesmes decide fundar una nueva orden monástica católica reformada de la que, posteriormente, surgiría el Cister cuya filosofía era llevar una vida más austera que huyera de la suntuosidad, siempre decadente, para dedicarse a la oración y al trabajo.
Muy pronto, ese estilo de vida va calando en toda Europa contribuyendo a ello San Bernardo de Claraval. En España, en pleno fragor de expansión monástica, ya a mediados del siglo XII, se inicia la construcción de un monasterio por mediación de Ponce de Cabrera, que mandado por el Rey Alfonso VII, dona la villa de Moreruela a unos monjes los que, inmediatamente, se verían atraídos por las ideas de San Roberto y San Bernardo por lo que colgaron los hábitos  cluniacenses negros por los blancos de la orden del Cister, cambiando también la advocación de Santiago por la de María. Así se constituye el Monasterio de Santa María de Moreruela.
A partir de ese momento, la orden va ganando adeptos y recibe donaciones, ingresos económicos de reyes, nobles e incluso de campesinos, lo cual permitió realizar las sucesivas obras que se irían construyendo a lo largo de los siglos.
La iglesia y el claustro datan del siglo XII pero el monasterio tal y como era, fue remodelado en el siglo XVII. La decoración del edificio es escasa aunque se nota la transición del románico al gótico en algunos adornos florales y en la bóveda de crucería.
La vida de sus moradores
Los monjes blancos, así se les llamaba, acogían a los peregrinos que recorrían la Vía de la Plata en busca del Camino de Santiago, dándoles alivio, cobijo y descanso.
Entre los siglos XVI y XVII se levantó la Hospedería del Monasterio que además contaba con un hospital. Junto a la Hospedería se levantó un claustro al que se accedía por varias puertas. En una de ellas, en la puerta norte, se pueden ver algunas conchas evocadoras del Camino de Santiago.
Lo más espectacular, pese a todo lo imaginado, es la Iglesia y la Sala Capitular, los espacios donde se desarrollaban las actividades más importantes de los monjes. La Iglesia era el lugar de mayor importancia ya que a ella acudían los monjes,  siete veces al día,  para rezar. Aunque la iglesia tenía un marcado estilo románico tiene algún adorno del nuevo estilo que iba imperando, el gótico. La cabecera del templo es la parte más antigua del monasterio, del siglo XII. La capilla mayor se sustenta por ocho columnas muy esbeltas. El ábside es semicircular de donde parten seis absidiolos y en cada uno de ellos existía un altar. No sobraba ninguno de ellos pues eran muchos los benefactores de la orden fallecidos por lo que todos los días se decían misas y la orden no permitía celebrar más de dos en el mismo altar. 
Las bóvedas son de estilo gótico, con ojivas y algunos capiteles e imostolas estaban decorados con motivos vegetales.
Desde el exterior se divisa una extraordinaria vista de la cabecera, apreciándose con detalle la armoniosa superposición de niveles de los distintos motivos ornamentales entre los que llaman la atención los pequeños símbolos y marcas que iban dejando los canteros a medida que trabajaban la piedra. Era la forma de imprimir su firma, dejar su impronta.
Para bajar a la iglesia los monjes bajaban por una escalera que se comunicaba con sus aposentos. Frente a la escalera se hallaba la sacristía y frente a ésta la puerta que conducía al cementerio. En el lado opuesto a la cabecera se encontraba la puerta del pueblo que daba a una torre semicircular y a la puerta de conversos, por donde se accedía para realizar sus tareas. Era el ala de conversos. Éstos iban atraídos, bien por vocación o bien por un plato de comida y techo y realizaban las tareas más mundanas como la atención del ganado y de la granja. Se cree que había una reja en la mitad de la nave central  que dividía, para separarlos, a los monjes del pueblo.
Desde la iglesia se pasa a la sala capitular y al claustro. Estas dos estancias se encontraban orientados al norte por eso era la parte más fría del monasterio. En verano los monjes se paseaban por allí mientras rezaban sus oraciones o se sentaban en los bancos distribuidos por el recinto.
Era costumbre que se leyera en presencia del Abad, diariamente, los capítulos de la Regla, se discutían cuestiones referidas al monasterio o se hacían confesiones públicas. Todo ello era seguido con mucho respeto, a través de las  ventanas, por los conversos.
Sólo podían ser enterrados en el monasterio los abades y algún benefactor de la orden. Ello suponía todo un privilegio.
Destacaba el sistema de canalización que circulaba por todo el monasterio que vertía a un desagüe subterráneo parecido al que utilizaban en ciudades tan importantes como Dubrovnik en Croacia o La Valetta en Malta.
Había otras muchas dependencias, una de las más importantes era el locutorio donde el prior repartía cada día las tareas que cada monje debía realizar. Había también una estancia pequeña donde, se supone, se recluía a los monjes indisciplinados.  En otra sala había un pasaje por donde  se accedía a la huerta y allí era donde se limpiaba y engrasaba el calzado y también se cortaba el pelo. De este recinto se partía a la bodega, muy alargada, para que cupiera el lagar donde se hacían deliciosos vinos. Hay que decir que los monjes eran autosuficientes. No tenían necesidad de comprar nada.
La visita al monasterio se termina en el ala de los novicios, la cual pertenece al siglo XVII. Aquí pasaban gran parte del día los novicios, los que pretendían entrar en la orden.
En 1931, el Monasterio de Moreruela es declarado Monumento Nacional.

Datos de interés:
El monasterio de Moreruela, situado cerca de la Vía romana de la Plata, se encuentra cerca del río Esla, en la finca de la Guadaña, enclavada en el término municipal de la Granja de Moreruela en la provincia de Zamora (Castilla y León, España).
Los límites naturales de la zona son: al Norte, Breto y Riego del Camino; al Sur las Lagunas de Villafafila y al Oeste el río Esla. La comarca limita con el Valle de Vidriales y la Corona de Manganeses de la Polvorosa, zonas de abundantes vestigios asturianos, visigodos y tardorromanos. Al Noroeste, Sanabria, con el monasterio de San Martín de Castañeda. No lejos del monasterio, a unos seis kilómetros, se encuentran las ruinas medievales del castillo de Castrotorafe.
El valle dónde se encuentra ubicado el monasterio es fértil con gran abundancia de agua, al estar próximo al río Esla, y los terrenos que lo circundaban en otro tiempo eran pantanosos.

21 de abril de 2016

RUTA POR LOS "REALES SITIOS"











Desde tiempos inmemoriales hemos sabido que a los reyes les han gustado los deportes de la caza y de la pesca y, los monarcas españoles, han disfrutado de estas actividades desde que se instauraron las monarquías.

Son muchos los lugares, de norte a sur y de este a oeste, de la Península Ibérica, donde los reyes construyeron sendas, allanaron caminos y levantaron diferentes infraestructuras para conseguir que este deporte de la pesca facilitaran los accesos, no siempre fáciles, y poder asentarse junto a los ríos con comodidad, en rincones y vericuetos inverosímiles.

Vamos a adentrarnos en una ruta denominada: “Los Reales Sitios”, que debe su nombre, precisamente, a que el Rey Carlos III acostumbraba a pescar por estos lugares y decidió acondicionarlos para facilitar los accesos. Las diferentes actuaciones junto al río tuvieron lugar entre 1767 y 1769. Desde entonces se puede seguir el mismo recorrido que siguió el monarca a  lo largo de nueve kilómetros, desde el nacimiento del río Valsaín, o Eresma, donde vamos a ir descubriendo una suerte de represas, muretes, escalinatas y pesquerías, hasta llegar al embalse segoviano de Pontón Alto.

Lo primero que llama la atención es el esmero con el que están hechas las diferentes infraestructuras, integradas perfectamente en el paisaje y sin romper la armonía del entorno. A veces, las propias raíces de los árboles, en perfecta simbiosis con la tierra,  fijan el firme de los senderos facilitando el paso sin que se haya tenido que recurrir al cemento y a otros  materiales artificiales como ocurre en muchas márgenes de los ríos de España. Todo, a la vista, es naturaleza.

Las aguas del río descienden bravías entre rocas gigantes o se desparraman por valles abiertos donde abundan las grandes praderas y los exuberantes bosques de pinos, mientras se pueden contemplar las cimas de la Sierra de Guadarrama con el Pico de Peñalara. Más adelante nos encontraremos con el Puente de los Canales, construido en el siglo XVI en tiempos de Felipe II, en piedra de sillería. Son 27 pilares los que sujetan el canal de madera. Esta construcción es de una belleza espectacular. Sirvió para canalizar el agua desde el arroyo Peñalara hasta el Palacio de Valsaín y llama la atención, en la pieza central del arco, el águila bicéfala, escudo imperial de Carlos V.

El tiempo va transcurriendo placenteramente sorteando pequeños quiebros o recovecos que el agua ha ido conformando a lo largo del tiempo y que, caprichosa, gira a la derecha o a la izquierda, se empina por algún repecho o baja en gráciles  cascadas. A nuestro  paso, algunos caballos pastan apaciblemente, ajenos a los murmullos de los que invaden su hábitat.

El camino va mostrando las huellas de épocas pretéritas donde la monarquía fue dejando su impronta. Sobre una roca granítica, una corona real, tallada, donde aparece la fecha de 1768 y el sello real de Carlos III. Se encuentra en el tramo comprendido entre los Asientos y la Boca del Asno.

Concluye el recorrido, tras doce kilómetros de marcha, en la Granja, un lugar visitado constantemente por los madrileños y por los miles de turistas que llegan a diario para disfrutar de la ciudad, de los magníficos jardines y de sus estatuas, románticas y bellísimas, donde los arquitectos de la época y los diferentes artistas dejaron, para la posteridad, espectaculares edificios señoriales de gran belleza.

Destaca, sobre todo, el Palacio Real de San Ildefonso, un edificio que sufrió numerosos incendios y reconstrucciones hasta que se construyó uno nuevo, del gusto de la dinastía borbónica, cuando llegó al trono de España.

Otra de las visitas obligadas es a la Real Fábrica del vidrio donde se fabricaron las vajillas y cristalerías con las que se dotaba a las casas reales y que exportaban a otras casas reales de Europa por la belleza con la que estaban realizadas. Todavía utilizan la técnica del soplado y son muchas las piezas que se siguen fabricando y que se exportan a todas las partes del mundo.

Una ruta recomendable que se remata con el descanso obligado en esta bella localidad de La Granja de San Ildefonso para disfrutar de su belleza, de su arquitectura, de sus monumentos, de su gastronomía y para recrearse en su pasado histórico.