11 de junio de 2012

El Cabo Espichel









Sumido en la niebla o deslumbrante por el sol, el Cabo Espichel emerge ante los ojos como una aparición fantasmagórica. Portugal acostumbra a sorprender al viajero a cada paso, por cualquier rincón, de norte a sur y de este a oeste. Parece que el arte y el misterio se adueñó de su geografía y todo lo que se experimenta en su suelo es arte que se desparrama en paisajes y en naturaleza, en iglesias barrocas y en mosaicos que se empeñan en cubrir frisos, paredes, retablos, altares...
Dicen que fue el Rey Manuel de Portugal que un día visitó Talavera de la Reina y se quedó prendado por la decoración de los mosaicos. Dicen que le gustó tanto esa forma de decorar que se llevó a Portugar a unos cuantos artistas para que decoraran su Palacio de verano en Sintra. A partir de ese momento el estilo manuelino se extendió por todo el territorio portugués y los ojos se bañan y se empañan de azul y blanco hasta convertir la mirada en mosaico celestial.

He vuelto otra vez al Cabo Espichel. Lo conocí a través de mi buen amigo Carlos Sargedas que se enamoró perdidamente del lugar y su enamoramiento, contagioso, ha hecho que muchos nos hayamos enamorado también de ese lugar mágico, ahora silencioso y sin vida pero con una carga vivencial que evoca tiempos cuando sus puertas y ventanas se abrían para recibir a las diferentes cofradías que lo frecuentaban. No es difícil imaginar ese santuario mariano, cuando seiscientos años atrás, a mediados del siglo XIV, se construía una ermita para guardar la imagen de una virgen que fue encontrada, justamente en la cima de la descomunal roca. Así fueron creciendo modestas viviendas que recibían a los peregrinos. Más adelante se fueron construyendo hospederías, pequeñas tiendas donde se vendían recuerdos del lugar y alimentos.

El Cabo Espichel se halla situado en la costa atlántica portuguesa, al oeste de la ciudad de Sesimbra. El cabo es el punto más meridional de la desembocadura del río Tajo. Muchos viajeros, ávidos de nuevas emociones,  son atraídos allí debido a las impresionantes vistas que se contemplan desde sus acantilados hacia el océano Atlántico.

Sobre las rocas que rodean el santuario, se aprecian huellas fosilizadas de dinosaurios.

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