


Se dice que el paisaje condiciona el caracter. Y mi paisaje, aún siendo de tierra adentro está inmerso en el agua: agua del Duero, agua del Esla, agua del Valderaduey...Agua, agua agua.
No pasa un sólo día sin que me acerque a alguno de estos ríos para verlos discurrir, para ver sus aguas: unas veces crecidas, otras menguadas, otras en alocado discurrir, arrastrando a su paso troncos de árboles, maleza, algún ave o pez muerto, bolsas de plástico...
Todo se va acumulando en quiebros y recodos. Como se acumulan los recuerdos en la memoria. Memoria sinuosa y selectiva que nos sirve y doblega al mismo tiempo.
A propósito. Ahora me viene a la memoria un comentario que me dejó hace unos días una desconocida. Me decía que le encantaban mis locuras (se refería a lo que escribo) y que siguiera con ellas. Confieso que nunca pensé que de mis textos se dedujera una posible falta de cordura. O para ser más exactos, que parecieran ser escritos por una loca.
El comentario, sin haberle prestado demasiada atención, me ronda y, como el agua discurrente por el caude del río, boga parsimonioso por mi cerebro y me va dejando subliminales mensajes.
En fin. Voy a investigar si el paisaje que me rodea puede intervenir en "estas locuras" mías o, si por el contrario, la cosa es de nacencia.