2 de diciembre de 2010

Un paseo junto al Gran Canal y el Barrio Rojo de Amsterdam










Amsterdam es una de esas ciudades que permanecen inalterables al paso del tiempo. Los mismos edificios vencidos por la vejez, sujetándose unos a otros para no desmoronarse. Miles de bicicletas, aparentemente amontonadas unas sobre otras, pero todas con dueño. Caminar por el centro de la ciudad hay que hacerlo con mucho cuidado porque los ciclistas, todos los habitantes de Amsterdam lo son, se desplazan en sus bicicletas para ir a todos lados. Resulta muy atractivo para el foráneo esta costumbre y, hay que reconocerlo, se siente cierta envidia también, pues es una forma cotidiana de hacer ejercicio evitando, al mismo tiempo, ruidos, humos y bocinazos de coches como ocurre en cualquier ciudad.
El Gran Canal sigue facilitando el trasiego de barcos para que los turistas puedan disfrutar de una cena típica a base de exquisitos quesos y de paso ir curioseando el interior de los barcos/viviendas donde sus moradores, la mayoría jóvenes estudiantes, hacen su vida normalmente, ajenos e indiferentes a la curiosidad que despiertan entre los viajeros.
Amsterdam infunde un especial sosiego, por la propia estética de la ciudad y por sus habitantes, gentes apacibles y acogedoras, gentes bien educadas y dispuestas en todo momento a ayudar si se les pregunta.
El Barrio Rojo, es lo que más llama la atención. Único en el mundo, tratándose como es del negocio de la prostitución. Único por estar ubicado en un país moderno, civilizado y en un país de Europa. Por estar ubicado en el mismo centro, sin tapujos, sin que nadie se avergüence de que lo vean como ocurriría en cualquier otro lugar de Europa, donde estos barrios suelen ser transitados solamente por quienes van a utilizar el servicio de lo que allí se vende.
El Barrio Rojo de Amsterdam es uno de los mayores atractivos para los turistas. Es en el iglo XVIII cuando surgen estas vitrinas donde se exhiben las señoritas, semidesnudas, con llamativa e insinuante ropa interior para resultar más atrayentes. En el siglo XVII, aunque estaba prohibida la prostitución, es, precisamente cuando más se desarrolla y así continúa actualmente. Este orignal fenómeno comienza cuando las prostitutas se ofrecían como mercancía desde la ventana o la puerta de su casa.
Aunque pueda parecer inquietante o peligroso pasear por este lugar, no existe peligro alguno, no más que hacerlo por cualquier otra ciudad. Habrá que cuidar los efectos personales, sin hacer ostentanción de joyas u otros objetos valiosos. Nada más. Tampoco es aconsejable pasear por las calles estrechas y oscuras o a altas horas de la noche. Como en cualquier otra ciudad. El Barrio Rojo no es motivo de preocupación.
En los Países Bajos la prostitución es legal desde 1911, por tanto el número de vitrinas se mantiene y está controlado por la ley.

Otra curiosidad es la propiedad de estos habitáculos que suelen tener diferentes propietarios y, según los guías que informan sobre todas estas particularidades, son caros. Las prostitutas destinan parte de sus ganancias a pagar el alquiler de su vitrina y lo hacen por turnos que varían según las horas. Se consideran como emprendedoras independientes a cargo de una microempresa.

No están registradas y hasta la policía lo tiene prohibido. Para hacerlo necesitaría una autorización judicial. La misión de la policía es controlar que sean mayores de 18 años y que tengan autorización para trabajar en Holanda.


Las prostitutas tampoco están obligadas a controles sanitarios pues ellas son responsables en esta cuestión y guardan todas las precauciones necesarias, al igual que los propios clientes. La palabra, en Holanda, es el mayor aval y nadie osaría nunca ni mentir, ni suplantar, ni defraudar. Incluso en la prostitución.

Otro aspecto muy llamativo en Amsterdam es el uso y venta de la droga que se consume con gran naturalidad en los coffeeshops. Se piensa que todas las prostitutas son consumidoras y que muchas de ellas se prostituyen para poder comprarla, sin embargo, nos aseguran que no es verdad, que hay algunas que consumen pero en un porcentaje mínimo.

Con respecto a la gente que vive en el Barrio Rojo, la hay de todos los niveles sociales, ricos y pobres. Muchos han nacido en el barrio y permanecen hasta que, al hacerse mayores se van porque el bullicio nocturno les molesta pero no por otras causas.

Amsterdam siempre nos sorprenderá.

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