19 de abril de 2011

Costa Adeje, Tenerife











Adeje, un lugar abrupto y embarrancado en el sur de Tenerife, alejado de las playas de moda y de la vorágine de la que algunos huyen. El mar en Adeje es benévolo y placentero. Desde cualquiera de sus calas se puede ver el Teide y la nieve que nunca se derrite y cubre sus laderas.

En Adeje se siente transcurrir el tiempo mientras la erosión va dando forma a sus costas. Algunas de estas rocas nos recuerdan a los antiguos guanches, aquellos primeros pobladores de la isla. Allí se han quedado petrificados para que el viajero se sienta arrebatado por la historia de aquellos aborígenes.

Adeje respeta su territorio con celo, se diría que hasta con veneración. Se construye pero respetando la naturaleza. Los barrancos son tajos inverosímiles que llegan directos al mar y permanecen inexpugnables. Las edificaciones se yerguen en las crestas de estos barrancos, alineadas y en perfecto orden.

Un lugar perfecto para el descanso y para el placer de los sentidos.

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