20 de marzo de 2013

Bosque de los espejos (Sierra de Béjar)

























Son diez kilómetros aproximadamente de recorrido por una ruta apasionante donde la belleza de la naturaleza compite con el arte caprichoso que las manos de los artistas han dejado sobre las rocas, en la corteza de los árboles o en la propia naturaleza a la que se le ha colocado una puerta para invitar al caminante a que pase y se estremezca y escuche su sonido húmedo y primaveral

La primavera nos recibe con lluvia en el Bosque de los Espejos mientras bajamos entre árboles y granito engalanados de mullido musgo. Todo es mágico ante la mirada que atraviesa el paisje entre nubes y niebla, entre lluvia y cascadas, entre cruces que señalan el camino y conducen con certeza al Calvario. Todo es murmullo y sonidos de trinos. A veces los árboles se convierten en figuras con rostros que nos miran, que nos muestran el camino o bajan la mirada en franca humildad. A veces son dos pequeñas lechuzas metálicas encarmadas en la roca que nos dicen adiós. A veces, son también pequeños totems construidos con piedras o madera. A veces es la forma de la roca la que nos llama la atención porque se ha abierto allí mismso, ante nuestros asombrados o jos.

Son diez kilómetros subiendo o bajando mientras las pequeñas iglesias nos muestran orgullosas su campanario o las tumbas del cementerio junto a la muralla del castillo. Nos sobrecoge una roca atravesada por una aguja jigante. El artista ha querido coserla, atravesar su interior para que se funda el acero con la roca en perfecta simbiosis. Vamos llegando a San Martín del Castañar, a Las Casas del Conde, a Sequeros. Vamos saboreando estos pueblecitos serranos, solitarios en esta jornada lluviosa. Es el humo de las chimeneas las que nos alertan algo de vida.

La Sierra de Bejar es un ejemplo de lo que los lugareños hacen con su tierra: mimarla, respetarla, potenciarla, cuidar cada árbol, cada planta. La Sierra de Bejars es un ejemplo a seguir. Cualquiera puede dejar su impronta. Nunca un camino puede resultar tan grato, nunca un camino resulta tan sorprendente y bello, tan natural y mágico. Un camino que se va haciendo pasito a paso para alcanzar la verdadera meta que no es otra que volver a recorrerlo porque a cada paso se descubrirá un nuevo tesoro.

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