21 de abril de 2016

RUTA POR LOS "REALES SITIOS"











Desde tiempos inmemoriales hemos sabido que a los reyes les han gustado los deportes de la caza y de la pesca y, los monarcas españoles, han disfrutado de estas actividades desde que se instauraron las monarquías.

Son muchos los lugares, de norte a sur y de este a oeste, de la Península Ibérica, donde los reyes construyeron sendas, allanaron caminos y levantaron diferentes infraestructuras para conseguir que este deporte de la pesca facilitaran los accesos, no siempre fáciles, y poder asentarse junto a los ríos con comodidad, en rincones y vericuetos inverosímiles.

Vamos a adentrarnos en una ruta denominada: “Los Reales Sitios”, que debe su nombre, precisamente, a que el Rey Carlos III acostumbraba a pescar por estos lugares y decidió acondicionarlos para facilitar los accesos. Las diferentes actuaciones junto al río tuvieron lugar entre 1767 y 1769. Desde entonces se puede seguir el mismo recorrido que siguió el monarca a  lo largo de nueve kilómetros, desde el nacimiento del río Valsaín, o Eresma, donde vamos a ir descubriendo una suerte de represas, muretes, escalinatas y pesquerías, hasta llegar al embalse segoviano de Pontón Alto.

Lo primero que llama la atención es el esmero con el que están hechas las diferentes infraestructuras, integradas perfectamente en el paisaje y sin romper la armonía del entorno. A veces, las propias raíces de los árboles, en perfecta simbiosis con la tierra,  fijan el firme de los senderos facilitando el paso sin que se haya tenido que recurrir al cemento y a otros  materiales artificiales como ocurre en muchas márgenes de los ríos de España. Todo, a la vista, es naturaleza.

Las aguas del río descienden bravías entre rocas gigantes o se desparraman por valles abiertos donde abundan las grandes praderas y los exuberantes bosques de pinos, mientras se pueden contemplar las cimas de la Sierra de Guadarrama con el Pico de Peñalara. Más adelante nos encontraremos con el Puente de los Canales, construido en el siglo XVI en tiempos de Felipe II, en piedra de sillería. Son 27 pilares los que sujetan el canal de madera. Esta construcción es de una belleza espectacular. Sirvió para canalizar el agua desde el arroyo Peñalara hasta el Palacio de Valsaín y llama la atención, en la pieza central del arco, el águila bicéfala, escudo imperial de Carlos V.

El tiempo va transcurriendo placenteramente sorteando pequeños quiebros o recovecos que el agua ha ido conformando a lo largo del tiempo y que, caprichosa, gira a la derecha o a la izquierda, se empina por algún repecho o baja en gráciles  cascadas. A nuestro  paso, algunos caballos pastan apaciblemente, ajenos a los murmullos de los que invaden su hábitat.

El camino va mostrando las huellas de épocas pretéritas donde la monarquía fue dejando su impronta. Sobre una roca granítica, una corona real, tallada, donde aparece la fecha de 1768 y el sello real de Carlos III. Se encuentra en el tramo comprendido entre los Asientos y la Boca del Asno.

Concluye el recorrido, tras doce kilómetros de marcha, en la Granja, un lugar visitado constantemente por los madrileños y por los miles de turistas que llegan a diario para disfrutar de la ciudad, de los magníficos jardines y de sus estatuas, románticas y bellísimas, donde los arquitectos de la época y los diferentes artistas dejaron, para la posteridad, espectaculares edificios señoriales de gran belleza.

Destaca, sobre todo, el Palacio Real de San Ildefonso, un edificio que sufrió numerosos incendios y reconstrucciones hasta que se construyó uno nuevo, del gusto de la dinastía borbónica, cuando llegó al trono de España.

Otra de las visitas obligadas es a la Real Fábrica del vidrio donde se fabricaron las vajillas y cristalerías con las que se dotaba a las casas reales y que exportaban a otras casas reales de Europa por la belleza con la que estaban realizadas. Todavía utilizan la técnica del soplado y son muchas las piezas que se siguen fabricando y que se exportan a todas las partes del mundo.

Una ruta recomendable que se remata con el descanso obligado en esta bella localidad de La Granja de San Ildefonso para disfrutar de su belleza, de su arquitectura, de sus monumentos, de su gastronomía y para recrearse en su pasado histórico.

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