9 de diciembre de 2006





Siempre la claridad viene del cielo;
es un don: no se halla entre las cosas
sino muy por encima, y las ocupa
haciendo de ello vida y labor propias.
Así amanece el día; así la noche
cierra el gran aposento de sus sombras.
Y esto es un don. ¿Quién hace menos creados
cada vez a los seres? ¿Qué alta bóveda
los contiene en su amor? ¡Si ya nos llega
y es pronto aún, ya llega a la redonda
a la manera de los vuelos tuyos
y se cierne, y se aleja y, aún remota,
nada hay tan claro como sus impulsos!
Oh, claridad sedienta de una forma,
de una materia para deslumbrarla
quemándose a sí misma al cumplir su obra.
Si tú la luz te la has llevado toda,
¿cómo voy a esperar nada del alba?
Y, sin embargo -esto es un don-, mi boca
espera, y mi alma espera, y tú me esperas,
ebria la persecución, claridad sola
mortal como el abrazo de las hoces,
pero abrazo hasta el fin que nunca afloja.

CLAUDIO RODRIGUEZ - "Don de la ebriedad) 1953


Es ese don de hembra
que me ocupa. Es la claridad recóndita
del claustro mío. Oh, útero mío
que es abrazo mortal como las hoces,
que nunca cede.
Es ese don universal redentor,
reparador.
Es ese don que da y que quita
deslumbrante al alumbrar el día,
-tus días-
y así los míos extinguiéndose.

1 comentario:

Choninha dijo...

Bem me parecia, amiga, era linda a tua filha e deve ser ainda porque tem uma mãe linda! Beijos.