5 de mayo de 2007

Zacatecas (México)














Y tu cielo nupcial, que cuando truena

de deleites frenéticos nos llena.

Trueno de nuestras nubes, que nos baña

de locura, enloquece a la montaña,

requiebra a la mujer, sana al lunático,

incorpora a los muertos, pide el Viático,

y al fin derrumba las madererías

de Dios, sobre las tierras labrantías.


De "La suave Patria"
Ramón López Velarde


Las cosas se hacen por amor o no se hacen y se escribe, en palabras de mi amiga Guadalupe Dávalos, "para dar cuenta de los instantes en que todo huele a leña..." y yo añado que se escribe por amor, en un acto de amor sin exigencias, en un acto en que se da alma, conscientes de que mientras damos nadie interfiere para consumar el acto.
Confieso que me he dejado conquistar como le ocurriera al navegante Colón por esta tierra de fuego y miel que se me ha prendido en la piel, impregnándome de aromas y sonidos que me eran familiares pero que no habían sido descubiertos.
Viajar también se hace por amor. Y Zacatecas enamora a primera vista. Es como ese amor con el que se ha soñado tantas veces y, de pronto, aparece un día. Y eso es lo que me ha ocurrido con esta monumental ciudad, declarada por la Unesco Patrimonio Cultural de la Humanidad.
Reconocer la propia arquitectura a miles de kilómetros de distancia, la propia lengua, aderezada por una musicalidad que empaña los ojos y escuchar novedosas palabras que la enriquecen todavía más, es un regalo para los sentidos.
América, no lo puedo disimular, era un destino al que yo no había llegado y Zacatecas, en México, ha sido el gran descubrimiento que me ha hecho sentir el orgullo al tomar conciencia de que fueron mis propios ancestros los que construyeran a estas mujeres y a estos hombres confiriéndoles un humanismo y unos valores que han sabido preservar a lo largo de los siglos, mientras que por aquí no hacen más que zozobrar. Valores que se traducen en el respeto a sus mayores, a sus niños; cuando se comunican, cuando se miran y se escuchan, cuando se extiende una mano para solicitar caridad y la otra alimenta la boca del menor que sonríe confiado y feliz. Muchas son las emociones que producen en los españoles estas tierras zacatecanas con pigmentos rojizos y rosados. Muchas son las emociones que traigo conmigo, apenas unas horas de haber regresado.
Volveré a escribir de Zacatecas: de su arte y de su cultura, de su folclore, de sus museos, de sus pirámides donde los hombres se convertían en dioses, de su color, de su calor.














5 comentarios:

un dress dijo...

que saudades do que NuNca vi...



as fotos: cheias de alMa!!



beijO

João JR dijo...

Adorei conhecer o México...já lá vão uns anos valentes, mas nunca me esqueci:))
Belas fotos. Gostei!
Um abraço

LUIS AMÉZAGA dijo...

Siga escribiendo y mostrando, que viajamos un poquito con usted.

Llara dijo...

¡Qué bonito! ¡Qué envidia -sana- de esa visita a México! Y más cuando ya va tocando encerrarse a estudiar... Pero, como bien dicen por aquí, seguiremos viajando a través de tus letras.

Besos

o fogo que a fraga ferra dijo...

E regressas com a alma plena de matéria-prima...