26 de mayo de 2008

Asturias Occidente














































No se sabe si porque linda con Galicia en su parte más misteriosa, o si porque en su lado más occidental las meigas hacen su acto de presencia cuando menos se espera, el caso es que en este rincón asturiano se combinan la magia y la sabiduría, el buen hacer y el mejor yantar, el paisaje y la bonhomía de sus gentes. Y todo, en conjunción armoniosa para que se mezclen las fuerzas de la naturaleza en todo su esplendor: el aire, el fuego, la tierra el agua, y todo para conquistar al foráneo, para obligar a los ojos a excusarse en agua de sal cantábrica y resbalar hasta alcanzar la despedida del beso al alejarse de estas tierras.
Cangas del Narcea, Luarca, Cudillero, Tapia de Casariego, el río Navia, el Franco, Salas, Fuentes del Narcea, Villalón o Taramundi en la comarca de Oscos-Eo, entre otros, fueron el paisaje donde, por unos días, disfrutamos, dejando la mirada extasiarse sin el menor esfuerzo, porque el paisaje de Asturias se salpica de horizontes múltiples en los que poder soñar.
El occidente asturiano es pionero en Turismo Rural, un lugar de referencia en cualquier foro donde se debate su desarrollo. Arroyos, ríos, puentes, cascadas, iglesias, fuentes, poblaciones que son centros etnográficos, sencillos museos rurales en los que se miman las costumbres más arcaicas, donde se ponen en funcionamiento, ante los asombrados ojos, mazos, molinos, ruedas de afilar junto a hórreos y cabazos. Un batán de madera de roble, cuyos orígenes de remontan a los árabes, golpea las telas con un estruendoso sonido que se confunde con la fuerza del agua al caer, precipitada, en cascada. El telar, dentro de la propia tienda, donde se pueden adquirir a buen precio, una chaqueta de lino o una bufanda hecha a mano e hilada previamente con el huso y la rueca. Todo un ritual, todo un espectàculo.
En Taramundi también se pueden admirar los talleres de "ferreiros" que salpican el concejo y permiten descubrir los secretos de la elaboración manual de navajas y cuchillos. Existen más de una docena de estas fraguas familiares que han ido pasando de padres a hijos y aumentando su produción. Y todo con las mismas técnicas aprendidas de sus ancestros.
Un paseo por la Villa de Cangas nos llevará al Palacio de Justicia y Cárcel o al Chalet de los Solisos, construcción indiana del segundo cuarto del siglo XX, a un puente medieval, al Palacio de los Llanos entre otros muchos edificios importantes. Los tejados rojos, el monte circundante y la pujante vida ciudadana hacen de esta villa, en la actualidad, la cita comercial obligada.
Y Cudillero... foro perfecto para aglutinar al pueblo, ágora pública sin secretos, donde se pueden escuchar los suspiros a media voz, o el sonido de cubiertos sobre el plato mientras la familia almuerza al mediodía o cena al caer la tarde, mientras se contempla el panorama desde Cimadevilla o mientras se toma una ración de mejillones al vapor, degustando la sidra recién escanciada. La mirada sigue a las gaviotas jalearse sobre los tejados o posarse indiferentes junto a la ventana, abierta, para que no se rompa la comunicación del que pasa con el que mora en su interior. Todo es luz y color, todo es agua y todo son aromas y sabores de la gratronomía más rica y más natural.
La Asturias de Occidente le espera pacientemente.





1 comentario:

IGNACIO dijo...

Asturias sin más.
Y con su todo.
Asturias un recorrido que todo el mundo tendría que tener en su hoja de ruta.

Y tu la presentas con unas fotos preciosas.

Besos.