4 de diciembre de 2009

Bali (Indonesia)











Dicen los propios balineses que su isla es un paraíso. Con sus 145 km. de longitud y 88 de ancho, apenas representa un punto en el inmenso archipiélago indonesio. Sin embargo, cada rincón, cada milímetro de tierra resulta ser lo más fascinante y mágico.

En Denpasar, la capital, se concentra, hacinada y bulliciosa, pero al salir de ella la frondosa vegetación inunda el paisaje, las terrazas de arrozales, los templos, las casas típicas balinesas repletas de altares, para las diferentes ceremonias, para la vida cotidiana, las gentes sonrientes y ceremoniosas, siempre saludando con las manos juntas y respirando una paz que sólo se logra allí.

Llama la atención, sobre todo, el gran fervor a su religión hindú, el Agama, única en el mundo. Una alianza de antiguo hinduísmo, culto a sus antepasados y animismo primitivo. En cada lugar, en cada rincón por inveresómil que parezca hay un pequeño templo donde las mujeres depositan tres veces al día humildes ofrendes de un colorido exultante.

Acicalados primorosamente, los balineses van en procesión hasta el templo de su comunidad. Guiados por los sacerdotes y al son de la gamelan (la orquesta), avanzan por los caminos para depositar sus cestas llenas de flores, frutas y figuritas de arroz. La religión es sinónimo de felicidad y por eso, tanto los nacimientos, como la pubertad, los matrimonios y las cremaciones (la ceremonia más importante) se convierten en jubilosas fiestas.

Los balineses están orgullosos de su arte, de su capacidad artística, de la belleza de sus bailarinas, exquisitas en movimientos, gráciles como juncos cuando bailan. Están satisfechos de sus pintores, de sus escultores y dan gracias cada día de disfrutar el paraíso soñado.

Ellos no puede viajar, ni conocer otros mundos como los europeos, pero no lo necesitan porque "lo tenemos todo aquí" decía nuestro guía. "Tenemos todo lo que necesitamos"

El arte lo sienten como una necesidad para liberar sus pensamientos. Su máxima es el bienestar personal espiritual porque "si yo estoy bien, todos a mi alrededor lo están también".

En Bali hay más de 10.000 templos. Citarlos sería imposible, pero si hay alguno que merece la pena es el de Tanah Lot, del siglo XVI, al oeste de la isla. Está enclavado a orilla del mar, cuando sube la marea queda completamente aislado. Es el lugar donde se disfurta de una de las puestas de sol más asombrosa.

Pero este paraiso no se ha librado de invasiones. Los primeros colonizadores fueron los malasios. Hoy, sus habitantes, celebran con júbilo su última invasión. 850.000 turistas al año, número que crece sin parar. Sin embargo los balineses no cambian sus costumbres, ni su vida, ni su fe, ni lo más importante, su enorme amor a la familia y a la Humanidad.

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